Por: Redacción Semanario de Junín
NOTA DE TAPA PUBLICADA EN LA EDICIÓN IMPRESA Y EDICIÓN DIGITAL Nº 515 DE SEMANARIO DE JUNÍN. SEMANA DEL 23 AL 29 DE MAYO DE 2026
Mientras los indicadores económicos muestran derrumbe del consumo, cierre de comercios y retracción del empleo, el Ejecutivo municipal se hizo eco de la construcción de un shopping por parte de una empresa privada en la terminal de ómnibus, con promesas de “inversión, marcas internacionales y generación de puestos de trabajo”.
La iniciativa aparece como otra maqueta política similar a anuncios rimbombantes de otras épocas que a una respuesta concreta a la crisis que atraviesa el comercio juninense y el resto de la sociedad.
En una ciudad donde las persianas bajas se multiplican y las familias ajustan cada compra, el interrogante no es solamente quién comprará en ese futuro centro comercial, sino qué ocurrirá con los negocios locales que todavía resisten.
Hay anuncios que buscan instalar esperanza y otros que, como hace el petrequismo por exceso de marketing político, terminan pareciendo una escena de ficción.
El lanzamiento del proyecto “ALÓ Junín”, presentado por el gobierno municipal como el futuro primer shopping de la ciudad, parece ingresar en esa segunda categoría.
El anuncio realizado por el Ejecutivo comunal, hoy convertido en una suerte de cogobierno entre el intendente licenciado Pablo Petrecca y el jefe comunal interino Juan Fiorini, (Los Dos Cuñados) llega en uno de los peores momentos para el consumo interno y para el comercio minorista argentino.
Sin embargo, lejos de exhibir cautela frente a una economía deprimida, la apuesta oficial se orienta a un modelo comercial importado de otras realidades urbanas y económicas.
La iniciativa contempla la construcción de un shopping en el predio de la terminal de ómnibus “Mario Meoni”, con alrededor de 30 locales comerciales, patio gastronómico, desembarco de marcas nacionales e internacionales y la instalación de una nueva sucursal de McDonald’s. Según el discurso oficial, el proyecto generaría hasta 200 puestos de trabajo y potenciaría el turismo regional.
El problema es que la realidad parece ir exactamente en dirección contraria.
Mientras el municipio presenta maquetas y fotos coloridas, la economía cotidiana de Junín muestra otra postal: comerciantes que ya no pueden sostener empleados, familias que reemplazan primeras marcas por segundas o terceras, negocios históricos que cierran sus puertas y consumidores que directamente dejaron de comprar aquello que no resulte absolutamente indispensable.

Mientras la ciudad atraviesa dificultades reales y palpables, el gobierno municipal vuelve a elegir la lógica de la puesta en escena.
El contraste entre el discurso oficial y la situación concreta del comercio local no sólo llama la atención, sino que empieza a revelar una desconexión preocupante entre quienes gobiernan y quienes padecen las consecuencias de las políticas económicas que esos mismos dirigentes acompañan políticamente.
Porque el proyecto no aparece aislado del contexto nacional. Muy por el contrario. El municipio, a través del ahora senador provincial Pablo Petrecca, se ha alineado públicamente con las políticas del presidente Javier Milei, celebrando medidas de ajuste que hoy impactan de lleno sobre el poder adquisitivo, el mercado interno y las pequeñas y medianas empresas.
Y allí aparece la principal contradicción: se promociona una expansión comercial cuando el propio comercio atraviesa uno de sus momentos más críticos.
Hay anuncios que buscan instalar esperanza y otros que, como hace el petrequismo por exceso de marketing político, terminan pareciendo una escena de ficción
Los datos nacionales son contundentes y difícilmente puedan ser relativizados mediante slogans de campaña.
Las ventas en shoppings registraron en febrero una caída interanual del 2,1%, mientras que el consumo desestacionalizado bajó 1,8% respecto de enero. En el acumulado del año, la retracción ya alcanza el 1,1%.
Ni siquiera los agresivos descuentos implementados en recientes promociones comerciales lograron revertir la tendencia. Hubo más circulación de público en algunos centros comerciales del Área Metropolitana, pero no necesariamente más ventas. El consumidor entra, mira, compara y se va. O directamente posterga.
El dato se vuelve todavía más sensible cuando se analiza el Índice de Confianza del Consumidor elaborado por la Universidad Torcuato Di Tella. El indicador cayó 5,7% en abril y acumula tres meses consecutivos en retroceso. Desde el pico registrado en enero de 2025, la caída acumulada supera el 16%.
La situación más crítica se registra precisamente en el interior bonaerense, donde Junín está incluido: la baja alcanzó el 10,57%.
Traducido a términos simples, significa que el consumidor del interior de la provincia no solamente compra menos: además perdió expectativas sobre el futuro inmediato. Y esa es una variable central para cualquier inversión comercial.
Ningún shopping puede sostenerse únicamente con inauguraciones rimbombantes o campañas publicitarias. Necesita consumidores con dinero, salarios que acompañen, crédito accesible y una economía dinámica. Exactamente lo que hoy no existe y paradójicamente el petrequismo & asociados avala, junto a un presidente de la Nación, destructivo tanto de lo público, como de lo privado; enfrascado en un plan económico que no repunta a pesar de las promesas y donde “corrupción” comienza a convertirse en la palabra más adecuada para medir estos 30 meses de gestión libertaria.
El propio presidente de la Federación Económica de la Provincia de Buenos Aires, Camilo Kahale, describió con crudeza el escenario actual: “El consumo no repunta, las ventas no alcanzan y cada vez son más las empresas que tienen dificultades para sostenerse”.
La advertencia no proviene de sectores opositores ni de analistas ideologizados. Surge del propio entramado pyme bonaerense, que observa cómo se deteriora el mercado interno.

Trabajos contrarreloj para una apertura prevista para fines de julio y principio de agosto.
Según datos de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), las ventas minoristas pyme cayeron 3,2% interanual en abril. Más grave todavía: desde diciembre de 2023 cerraron más de 24.000 empresas en el país.
Cada persiana que baja implica empleos perdidos, menos circulación económica y deterioro social. ¿Porqué imaginar que lo que resulta negativo en la ciudad podrá ser positivo en un local ubicado en una terminal de ómnibus frente a la ruta? Más espejitos de colores de la usina de propaganda municipal.
En Junín el fenómeno ya resulta visible. Comercios históricos redujeron personal, otros directamente achicaron horarios y muchos propietarios terminaron reemplazando empleados para intentar sobrevivir. El comerciante dejó de pensar en crecer; ahora sólo intenta resistir.
Sin embargo, el Ejecutivo municipal insiste en instalar un relato de expansión económica sostenido casi exclusivamente en publicaciones digitales y anuncios de inversión privada.
Incluso el argumento turístico presenta enormes inconsistencias. Si Junín tiene hoy un motor turístico concreto y comprobable, ese motor sigue siendo el sistema lagunar y particularmente el pejerrey. La recuperación pesquera volvió a posicionar a la ciudad como destino de pesca deportiva y generó movimiento durante buena parte del año, particularmente fuera de temporada estival.
No obstante, el municipio prácticamente abandonó políticas vinculadas a ese recurso estratégico. La histórica Fiesta del Pejerrey desapareció de agenda y no existen planes consistentes de protección ni desarrollo integral del circuito pesquero.
Paradójicamente, mientras se descuida uno de los pocos sectores turísticos genuinos que posee el distrito, se intenta instalar la idea de que un shopping sería el gran vector del desarrollo regional. Un planteo sin argumentos valederos.
Más aún en un partido con fuerte impronta agropecuaria, donde el principal generador de divisas continúa siendo la producción agrícola y no el consumo en locales comerciales, perdido en parte por la chatura en la que se sumergió a nuestra ciudad en los últimos 10 años.
Contradicción: se promociona una expansión comercial cuando el propio comercio atraviesa uno de sus momentos más críticos
Pero quizás el punto más delicado del proyecto no sea el anuncio en sí mismo, sino sus posibles consecuencias sobre el entramado comercial juninense.
Porque cuando el municipio celebra la llegada de “marcas internacionales” y grandes firmas nacionales, inevitablemente aparece una pregunta incómoda: ¿qué ocurrirá con los comerciantes locales que ya vienen golpeados?
La experiencia de otras ciudades muestra que el desembarco de grandes cadenas suele generar una fuerte concentración económica. Las firmas nacionales cuentan con espalda financiera, capacidad publicitaria, acuerdos corporativos y estructuras de costos imposibles de igualar para el pequeño comercio.
El resultado suele repetirse: pérdida de competitividad para negocios tradicionales, desplazamiento de emprendimientos familiares y progresiva homogeneización comercial.

En ciudades con mercados internos robustos, salarios altos y consumo sostenido, el impacto puede amortiguarse. Pero en una economía deprimida como la actual, el riesgo para el comercio local es considerablemente mayor. Y aquí aparece otra contradicción difícil de explicar.
Mientras los comerciantes juninenses enfrentan tarifas elevadas, caída de ventas, presión tributaria, aumentos en las tasas sin ningún tipo de retribución y desplome del poder adquisitivo, el municipio parece concentrar sus expectativas en atraer capitales externos antes que en fortalecer a quienes ya sostienen empleo en la ciudad.
La discusión no pasa solamente por la construcción de un shopping, la verdadera discusión es qué modelo de ciudad se pretende construir y para quién
Víctor Palpacelli, presidente de la Asociación de Supermercados y Autoservicios, reconoció que las cadenas regionales sufren una contracción generalizada cercana al 5% interanual en unidades vendidas. La consecuencia inmediata es visible en cualquier góndola: caída de primeras marcas y avance de segundas o terceras opciones más económicas.
Fernando Savore, referente de los almaceneros, fue todavía más gráfico: “El 20 es fin de mes. La plata se acaba muy rápido en la gente”
Esa frase resume quizás mejor que cualquier estadística el presente económico de millones de argentinos.
Las familias dejaron de consumir yogures, postres, productos considerados “no esenciales”. Las compras se reducen al mínimo indispensable. Los comerciantes trabajan prácticamente sin stock y reponen apenas lo necesario para evitar pérdidas.
En ese contexto, pensar que Junín está frente a un boom de consumo capaz de sostener un shopping con marcas internacionales parece más un ejercicio de voluntarismo político que un análisis económico serio.
El problema de fondo no es solamente si el proyecto llegará efectivamente a concretarse. El problema es el mensaje político detrás del anuncio.
Porque mientras la ciudad atraviesa dificultades reales y palpables, el gobierno municipal vuelve a elegir la lógica de la puesta en escena. La maqueta por encima de la planificación estructural. El impacto visual sin un diagnóstico profundo. Quienes iban a la justicia en la gestión anterior para pedir amparos por el impacto ambiental de la terminal de ómnibus sobre los humedales hoy se llaman a silencio sospechosamente dando cuenta que sólo se trataba de una movida política para embarrar la cancha, tal como resultó también con el paso bajo a nivel, mudo testigo de que en Junín los celos en materia de política hacen más daños que los propios dirigentes.
La realidad es que crece la sensación de que existe un Junín oficial y otro real. Uno donde abundan las conferencias de prensa y las falsas promesas de modernidad.
Y otro donde comerciantes cuentan monedas para pagar proveedores, vecinos suspenden consumos básicos y trabajadores viven con miedo a perder el empleo.

La discusión entonces no pasa solamente por la construcción de un shopping. La verdadera discusión es qué modelo de ciudad se pretende construir y para quién.
Porque si el crecimiento termina quedando en manos de grandes firmas externas mientras el comercio local continúa debilitándose, el resultado podría ser exactamente el contrario al prometido: menos diversidad comercial, mayor concentración económica y más fragilidad para cientos de pequeños empresarios juninenses.
Lamentablemente hace tiempo que en Junín no se discuten prioridades, el egoísmo se adueñó de las ideas y la falta de capacidad de los funcionarios los arrojó a un ostracismo producto de la ignorancia.
Tal vez antes de imaginar vidrieras internacionales, el desafío más urgente siga siendo evitar que continúen apagándose las persianas locales. “Defender lo nuestro” nunca fue un slogan de campaña petrequista ni de sus fieles, sumisos, obsecuentes y silenciosos acompañantes.
Datos que ponen en duda el proyecto comercial anunciado:
-Caída del 2,1% interanual en ventas de shoppings.
-Índice de Confianza del Consumidor: tres meses consecutivos en baja.
-Interior bonaerense: retroceso del 10,57% en expectativas de consumo.
-Más de 24.000 empresas cerradas en Argentina desde diciembre de 2023.
-Ventas pyme: caída interanual del 3,2%.
-Supermercados regionales: retracción cercana al 5% en unidades vendidas.
-Consumidores migran hacia segundas y terceras marcas por pérdida de poder adquisitivo.
-Comercios de cercanía reducen stock y personal para sobrevivir.
-El municipio apuesta al desembarco de firmas nacionales e internacionales mientras el comercio local atraviesa una de sus peores crisis recientes.