lunes 15 de junio de 2026

LOCALES | 15 jun. 2026

ANALISIS SEMANARIO

Rompen todo

07:36 |Después de una década de demoras, promesas incumplidas, inauguraciones anticipadas y millonarios desembolsos públicos, la nueva terminal de ómnibus de Junín parece haber encontrado su destino definitivo: dejar de ser una terminal para convertirse en otra cosa.


Por: Redacción Semanario de Junín

Mientras avanzan las máquinas sobre sectores recién construidos, crecen los interrogantes sobre la planificación, el uso de los recursos públicos y el verdadero futuro de una obra que nació para resolver un problema de transporte y hoy parece orientada a satisfacer otros intereses.

Es que, durante años, la nueva terminal de ómnibus fue presentada como una obra estratégica destinada a modernizar el sistema de transporte de pasajeros de Junín. Se habló de conectividad, seguridad vial, desarrollo urbano y planificación a largo plazo. Se insistió en que el traslado desde el edificio céntrico hacia la zona de Circunvalación y Ruta 7 respondía a una visión de futuro que permitiría acompañar el crecimiento de la ciudad.

Sin embargo, la historia terminó tomando un rumbo difícil de explicar en un ámbito de discusión política normal, pero comprensible dentro de una gestión comunal que hace todo a los ponchazos, ya que está a cargo de un “club de amigos” y no de funcionarios con una especialización y conocimiento en lo que deben llevar a cabo.

La obra permaneció paralizada durante casi una década cuando, según distintas estimaciones técnicas y políticas realizadas a lo largo de esos años, se encontraba muy cerca de su finalización. Mientras tanto, el deterioro avanzó sobre una infraestructura que ya había demandado enormes inversiones públicas y que había sido concebida como una de las principales transformaciones urbanas de las últimas décadas.

Cuando finalmente llegó la puesta en marcha, el gobierno de Pablo Petrecca la presentó como un hito histórico para Junín. La inauguración se realizó en agosto de 2025 con fuerte despliegue comunicacional y un discurso centrado en la transformación de la ciudad. Desde el municipio se sostuvo que la nueva terminal cambiaría la fisonomía de Junín y generaría nuevas oportunidades económicas.

Pero la realidad posterior pareció alejarse rápidamente de aquella narrativa.

A pocos meses de su inauguración comenzaron a aparecer los anuncios vinculados al desarrollo comercial del predio. Primero fue la licitación para la concesión privada de la terminal y de los espacios anexos. Luego llegaron los proyectos de un paseo comercial, gastronómico y recreativo. Más tarde se confirmó oficialmente la construcción de un shopping dentro del complejo. La concesión, además, fue otorgada por un plazo de 30 años

Durante años la nueva terminal de ómnibus fue presentada como una obra estratégica destinada a modernizar el sistema de transporte de pasajeros de Junín… ya no

DE TERMINAL A CENTRO COMERCIAL

Lo llamativo es que el cambio de orientación parece haberse producido casi inmediatamente después de la habilitación formal del edificio.

Mientras la terminal aún intentaba consolidar su funcionamiento operativo, comenzaron a instalarse cerramientos y a ejecutarse modificaciones para adaptar sectores a los nuevos emprendimientos privados. El proyecto aprobado contempla no sólo la explotación de la terminal sino también la construcción y administración de espacios comerciales, gastronómicos, culturales y recreativos en áreas internas y externas del complejo.

La pregunta surge sola: si la prioridad era construir una terminal de transporte, ¿por qué apenas inaugurada ya se la está modificando?

Más aún cuando parte de las obras que hoy son objeto de cambios habían sido ejecutadas recientemente y financiadas con fondos públicos. La imagen de maquinaria interviniendo sectores prácticamente nuevos genera una sensación incómoda para cualquier contribuyente. No parece precisamente un ejemplo de eficiencia en el manejo de los recursos.

El oficialismo presenta el proyecto como una evolución natural del desarrollo urbano. Habla de inversiones privadas, generación de empleo y consolidación de un nuevo polo de atracción regional. Desde el gobierno local incluso se anunció la llegada de unas treinta propuestas comerciales, entre ellas marcas internacionales de primera línea.

Sin embargo, detrás de los anuncios persisten preguntas que todavía no encuentran respuestas públicas satisfactorias.

¿Existe un estudio independiente sobre el impacto económico que tendrá un shopping de estas características sobre el comercio local? ¿Se evaluó el efecto sobre pequeños comerciantes y pymes que hoy sostienen empleo genuino en distintos puntos de la ciudad? ¿Se analizaron los cambios que producirá sobre la circulación vehicular en una zona ya exigida por eventos deportivos, actividades recreativas, el predio ruralista, boliches nocturnos y el acceso al parque natural?

Son interrogantes razonables. Más aún cuando se trata de una intervención de gran escala impulsada desde el propio Estado municipal y la única premisa parecen ser los puestos de trabajo que generará una hamburguesería cuando en realidad se requiere de mayor proyección intelectual.

Después de diez años de abandono, millones invertidos, una inauguración celebrada como un acontecimiento histórico y una concesión privada, la obra más importante de acceso a la ciudad vuelve a estar rodeada de incertidumbre

EL LARGO PLAZO

El petrequismo no sabe de largos plazos, todo es inmediato para “salvar las papas” frente a las encuestas negativas que cosechan, se trata de dar un golpe de efecto para que parezcan en acción, cuando siguen en estado de quietud.

Por eso no se puede perder de vista otro aspecto que merece atención y es que las terminales de ómnibus no se construyen pensando en una gestión municipal ni en un ciclo electoral. Son infraestructuras diseñadas para funcionar durante décadas y adaptarse a cambios demográficos, económicos y territoriales.

Hoy la Argentina atraviesa una profunda crisis económica que restringe el consumo y limita la movilidad de millones de personas. Pero los procesos urbanos deben proyectarse más allá de las coyunturas.

¿Qué ocurrirá dentro de diez o quince años si el transporte de pasajeros recupera niveles de actividad más elevados? ¿Qué sucederá si la demanda de servicios vuelve a crecer y la terminal termina reducida a una función secundaria dentro de un complejo comercial?

La pregunta no parece descabellada. De hecho, el propio proyecto comercial podría terminar compitiendo por espacios físicos originalmente destinados al transporte público.

Y aquí aparece una contradicción difícil de ignorar. Durante más de una década se justificó la necesidad de construir una terminal moderna porque la vieja estación había quedado chica, obsoleta y limitada para las necesidades futuras de Junín. Ahora, apenas inaugurada la nueva infraestructura, el foco parece desplazarse hacia actividades que poco tienen que ver con el movimiento de pasajeros.

La sensación que queda es que la terminal dejó de ser el objetivo para convertirse en la excusa y sacar rédito político cuando lo que se requiere que es que sea una ventaja socioeconómica.

¿Y EL AMBIENTALISMO?

Resulta imposible no recordar además los cuestionamientos ambientales que acompañaron el proyecto original cuando fue anunciado en 2012. En aquel momento hubo presentaciones judiciales y advertencias sobre el impacto que una terminal de ómnibus podría generar en una zona atravesada por humedales y ecosistemas sensibles.

Hoy el escenario proyectado incluye una actividad comercial considerablemente más intensa, mayor circulación vehicular, ampliación de superficies de uso permanente y una presión urbana muy superior a la inicialmente planteada. Sin embargo, aquellas voces parecen haberse extinguido.

Tal vez porque la discusión ya no gira en torno a una terminal. O tal vez porque en Junín ocurre algo curioso: las objeciones suelen aparecer cuando se anuncian los proyectos, pero desaparecen cuando empiezan a ejecutarse. Y todo trasunta una cuestión político-partidaria dejando de lado el interés general de la comunidad.

Lo cierto es que después de diez años de abandono, millones de pesos invertidos, una inauguración celebrada como un acontecimiento histórico y una concesión privada de tres décadas, la obra más importante de acceso a la ciudad vuelve a estar rodeada de incertidumbre.

Y mientras las topadoras avanzan sobre estructuras recién terminadas, los vecinos observan una escena difícil de comprender: después de tanto tiempo para construirla, parece que la nueva terminal ya quedó vieja.

Porque en Junín no sólo tardaron años en terminar una obra. Ahora también parecen apurados por modificarla. Y cuando una gestión pública empieza a romper lo que acaba de inaugurar, la pregunta inevitable es si alguna vez tuvo claro qué quería construir.

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