viernes 12 de junio de 2026

LOCALES | 12 jun. 2026

AGROTÓXICOS

Una novela entre los alegatos contra las fumigaciones

17:46 |La obra de Samanta Schweblin inspiró a las familias de Pergamino en el proceso judicial histórico contra productores y funcionarios y que buscan ‘justicia ambiental’.


Por: Redacción Semanario de Junín

"Distancia de rescate" de Samanta Schweblin, es una novela breve e intensa que mezcla lo fantástico, el suspenso y el terror ecológico.

Amanda y su hija Nina, llegan de vacaciones a una zona rural de la pampa argentina. En este lugar conocen a su vecina Carla, quien tiene un secreto que involucra a su hijo. Un lugar en apariencia tranquilo, pero cuya toxicidad acecha silenciosamente a sus habitantes.

La distancia variable que separa a Amanda de su hija es el hilo invisible que se tensa y se mide a cada paso, es la "distancia de rescate". Pero, ¿podemos realmente proteger de todo a nuestros hijos, cuando sabemos que hay peligro en todas partes?

Narrada en forma de diálogo, la prosa es directa, urgente. La ambientación, asfixiante como un sueño febril. Quizá de ahí el título en inglés de la película (Fever Dream)

Editada en 2015, Distancia de rescate obtuvo el premio Shirley Jackson en la categoría de novela corta, entre otros reconocimientos.

En 2021, el libro tuvo su adaptación al cine. La película, protagonizada por Dolores Fonzi y María Valverde, fue producida y distribuida por la plataforma de streaming Netflix y catalogada como de terror psicológico y suspenso. La propia Schweblin escribió el guion junto a la directora Claudia Llosa. Aunque el libro se ubica en la pampa argentina, la película se filmó en el sur de Chile.

Hace poco más de un mes, Samanta Schweblin ganó el Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana, dotado con un millón de euros, por su libro El buen mal. “Estoy en shock” dijo luego de recibir la distinción. Es probable que aquella misma incredulidad vuelva a instalarse en la escritora argentina residente en Berlín al enterarse que uno de sus libros sirvió de fundamento en los alegatos de las familias fumigadas en Pergamino durante el juicio histórico que busca castigar con penas de prisión efectiva a productores y funcionarios.

A miles de kilómetro de su felicidad, avanza el debate que se desarrolla en el Tribunal Oral Federal N°2 de Rosario y que tiene sentados en el banquillo de los acusados a los productores Fernando Cortese, Víctor Tiribó, José Luis Grattone, Carlos Sabbatini, Hugo Sabbatini, Mario Reinero Roces y Cristian Taboada, junto a los funcionarios de la Dirección de Ambiente Rural, Guillermo Naranjo y Mario Tocalini.

Se los imputa de infringir el artículo 55 de la Ley Nacional 24.051 de residuos peligrosos –desechos que puedan causar daños directos o indirectos a seres vivos o contaminar el suelo, el agua o la atmósfera– y el artículo 248 del Código Penal, que implica el incumplimiento de los deberes de funcionario público. A Cortese se le suma una imputación adicional por el delito de coacción contra un familiar de una de las víctimas.

La novela de Samanta Schweblin inspiró a las familias fumigadas de Pergamino en el proceso histórico contra productores y funcionarios

Además de solicitar que la medida cautelar vigente, que prohíbe fumigar a menos de 1095 metros de la zona urbana de Pergamino, se amplíe a todas las escuelas rurales y pueblos del partido bonaerense, la querella pidió penas que van de los tres a los cinco años de prisión efectiva para los productores agropecuarios.

A su turno, el fiscal general Federico Reynares Solari solicitó penas en expectativa de tres a 10 años de prisión y requirió, como medida reparatoria, el decomiso de los campos de los imputados.

En ese sentido, sostuvo que los campos y terrenos rurales fueron “las herramientas materiales indispensables para ejecutar la contaminación” y explicó que esta medida no debe leerse como una mera sanción económica, sino como una “reconversión ambiental, restauración y eco recuperación obligatoria, destinada a neutralizar definitivamente la fuente de peligro para los habitantes de Pergamino”.

La denuncia que derivó en este juicio se remonta al año 2011, cuando Ortiz, vecina de Villa Alicia, un barrio periférico de Pergamino, observó problemas de salud, tanto en ella como en sus hijos. “Solo buscamos justicia ambiental –pidió en el juicio– y que el caso sea un faro para todos los pueblos fumigados de la Argentina”.

 

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