Por: Redacción Semanario de Junín
Sebastián Bonafe, el presunto asesino de Mercedes Errapán, tal vez debió estar encarcelado mucho antes de cometer el homicidio en función de las causas que tenía en su contra y que lo ubicaban como un sujeto de gran peligro y un posible psicópata sexual.
El domicilio juninense de Bonafe fue allanado el viernes 3 de julio luego de que la mujer hoy asesinada lo denunciara por presuntamente haberle tomado fotos desnudas a la nena, que el hombre se terminó llevando secuestrada y fueran encontrados en Pergamino, luego de la fuga.
Por estas horas los investigadores estimaban que la muerte de la mujer se debió a una venganza por el hecho denunciado ligado a la pederastía.
Pero además existían otros agravantes que trascendieron de fuente policiales y eran las causas que acumulaba el imputado, todas ellas relacionadas con violencia de género y amenazas.
EL PRONTUARIO
Precisamente Bonafe cuenta en su prontuario con denuncias por "lesiones leves y violencia de género", en 2024, de parte de una compañera de trabajo, que indicó que el hombre la agredió verbalmente y la empujó ocasionándole lesiones.
En 2022, también fue denunciado por "amenazas y violencia familiar" de parte de su cuñada, que expuso que fue agredida físicamente por Bonafe y posteriormente recibió amenazas.
También fue denunciado en 2021 por "violencia familiar" de parte de su cuñado, que dijo que Bonafe se apersonó en su casa y lo agredió a él y a su esposa, para luego atacarlo físicamente.
Todo hace pensar que la muerte de Errapán se podría haber evitado a no ser porque la demora judicial en casos de violencia de género agrava el riesgo de las víctimas y favorece la impunidad.
Los tiempos de resolución y la falta de perspectiva de género en los tribunales generan un laberinto burocrático que revictimiza a las mujeres, exponiéndolas a años de litigios paralelos y ataques premeditados.