domingo 12 de julio de 2026

LOCALES | 12 jul. 2026

EDITORIAL DE DOMINGO

Decepción por los caminos

08:00 |No existe “la más mínima esperanza” de que las empresas adjudicatarias, que administrarán los corredores durante al menos 25 años, hagan mucho más que tapar baches


Por: Redacción Semanario de Junín

EDITORIAL PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA Y EDICIÓN DIGITAL N 522 DE SEMANARIO DE JUNÍN. SEMANA DEL 11 AL 17 DE JULIO DE 2026

Las rutas y caminos representan el progreso físico y económico de una sociedad. Son símbolos de integración territorial, desarrollo productivo y conexión social. En la Argentina, la mejora en infraestructura vial tiene una gran importancia debido a su extensión, ubicación de los puertos y matriz productiva.

Por supuesto que para el desarrollo de Junín este es un tema central que puede mirarse desde distintas perspectivas.

Si consideramos al distrito como un nodo carretero que conecta hacia el norte y al sur -Atlántico y Pacífico a través de las rutas 7 y 188-, resulta una característica potencialmente atractiva para las inversiones, aunque también se debe contar con una gestión activa en ese sentido y no la hemos tenido.

Desde el punto de vista turístico y con la recuperación de las encadenadas y su máximo exponente, el pejerrey, las buenas carreteras permiten la llegada de turistas desde distintas latitudes, sumando con su presencia a la economía regional, a través de una industria sin chimeneas, pero de absoluta relevancia.

También respecto a la producción agropecuaria, que es parte importante de la cadena productiva juninense, tener buenos caminos genera mayores recursos y también genera inversiones.

Del mismo modo en infraestructura local, ya que el crecimiento de la ciudad allende las rutas, requiere de una travesía urbana de buen diseño para acelerar los tiempos de la movilidad local al mismo tiempo que se blindan las condiciones para la seguridad vial y nuestro medio, a través de colectoras con buena infraestructura contaría con una “vidriera” comercial que bien podría captar no sólo inversiones sino también consumos de los ocasionales viajantes.

Lamentablemente, nada de esto parece formar parte del horizonte que abren las nuevas concesiones de rutas y autopistas que el Gobierno nacional adjudicará en breve, en un esquema que tiene mucho más de abandono que de desarrollo.

Tal como señalaba días atrás el periodista Diego Cabot en el diario La Nación, al analizar el mapa de las concesiones, queda claro que no existe “la más mínima esperanza” de que las empresas adjudicatarias, que administrarán los corredores durante al menos 25 años hagan mucho más que tapar baches.

Según explicó, ni siquiera están obligadas a ejecutar obras de magnitud. Los pliegos apenas exigen garantizar la “transitabilidad” de las rutas, una condición tan amplia como subjetiva, que será auditada por Vialidad Nacional. En otras palabras: el objetivo ya no es mejorar la infraestructura, sino impedir que colapse.

Las licitaciones que gran parte del interior esperaba como una oportunidad para modernizar corredores estratégicos terminaron convirtiéndose en una enorme decepción. Productores, transportistas y usuarios advirtieron rápidamente que detrás de la promesa de eficiencia se esconde, en gran medida, un sistema de peajes más caros y un programa de mantenimiento mínimo.

Mientras tanto, el Ejecutivo local, alineado políticamente con el Gobierno nacional, guarda silencio frente a una problemática que impactará directamente sobre el futuro del distrito.

La paralización de la autopista de la Ruta Nacional 7 entre Luján y Junín. La suspensión de la travesía urbana que prometía transformar el ingreso a la ciudad. El deterioro creciente de las rutas 7 y 188. El aumento permanente de los peajes. Todo forma parte de una misma realidad: Junín ha dejado de estar entre las prioridades de inversión en infraestructura.

Las consecuencias son evidentes. Menos competitividad para la producción, mayores costos logísticos, más dificultades para atraer inversiones y peores condiciones de seguridad vial para quienes transitan diariamente por estos corredores.

Cuando un país deja de construir caminos, también deja de construir oportunidades. Y cuando una comunidad acepta resignadamente que sus rutas se deterioren mientras aumentan los peajes y desaparecen las obras, corre el riesgo de acostumbrarse al retroceso.

Junín nació y creció al calor de los caminos. Su ubicación estratégica fue una ventaja que permitió generar comercio, producción y desarrollo. Renunciar a esa condición por desidia, indiferencia o conveniencia política sería un error histórico. Porque los pueblos no se estancan de un día para otro: primero dejan de avanzar. Y eso es exactamente lo que hoy estamos viendo.

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