sábado 25 de julio de 2026

LOCALES | 24 jul. 2026

PODA EN JUNÍN

Entre el manual del buen árbol y la realidad de la motosierra

En nuestra ciudad hay una serie de ventajas a favor de llevar adelante una tarea de excelencia para el cuidado y desarrollo del arbolado urbano, sin embargo las desaprovechamos.


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Por: Redacción Semanario de Junín

Junín es un distrito que cuenta desde hace mucho tiempo con un arbolado urbano que en otros tiempos se destacó por la variedad de especies, el aporte que realiza en materia ambiental y también su estética; además hay trabajos de importantes especialistas locales dirigidos a la protección y cuidado de este ecosistema, aunque el municipio parece estar empecinado en una poda salvaje sin un programa claro, sin un manual de tareas y un resultado realmente catastrófico que solamente acumula reclamos por parte de los frentistas.

Por eso el mensaje municipal termina resultando contradictorio, ya que por un lado promueve programas del tipo “Mi vereda, nuestros árboles” lanzado en 2024, pero luego termina “asesinando” especies arbóreas, no sólo en las calles de la ciudad, sino que también ha sido sorprendente la tala indiscriminada sin ningún tipo de sentido en estos 10 años, tanto en el Parque Borchex, como en el balneario y también el parque ecológico.

Al igual que ocurre en otras áreas de gobierno se nota la falta de previsibilidad, el cumplimiento de las normas establecidas y un plan estratégico de cumplimiento efectivo. Ante ello lo único que se puede mostrar es un caos en el cual se castiga a vecinos que podaron el árbol de su vereda, pero se permite a los ya clásicos “amigos del poder” a llevar adelante destrozos de motosierra, como ocurriera hace ya unos cuentos años en la vereda del Club Moreno, sobre Almirante Brown, donde hicieron desaparecer una frondosa arboleda a cambio de ejemplares de escaso porte, violando todas las normas establecidas.

CRITICAS ARGUMENTADAS SEMANARIO

consultó a especialistas en arbolado urbano de otros distritos para conocer la tarea que llevan a cabo y poder comparar.

Por ejemplo en Bolívar la municipalidad ha dado a conocer un “instructivo de poda” que sirva como guía para las tareas que se efectúan. Por caso en Junín, el municipio dijo a través de su usina de prensa que el personal afectado a la poda “fue capacitado por ingenieros forestales”, pero tan afectos a las fotos, desde la oficina de prensa nunca presentaron muestras de tal capacitación ni el nombre y apellido de los capacitadores.

Incluso ante la consulta efectuada a podadores locales durante su tarea, dijeron estar bajo las órdenes de la ingeniera Patricia Correa. Incluso reconocieron que la tarea que llevan a cabo está mal implementada, pero “es lo que nos dicen que hagamos”.

El arbolado urbano no es solo un elemento estético; es infraestructura viva que nos brinda sombra, oxígeno y identidad

UN ABISMO ENTRE LA TEORÍA Y EL CORTE

El arbolado urbano no es solo un elemento estético; es infraestructura viva que nos brinda sombra, oxígeno y identidad.

Existe un consenso técnico, respaldado por profesionales, que reconoce una situación especial y es que ningún árbol necesita ser podado para desarrollarse. Por el contrario, la poda es una intervención agresiva, una "cirugía" invasiva que solo debería justificarse cuando la seguridad urbana —como el tendido eléctrico o el tránsito— se ve realmente comprometida. Sin embargo, al contrastar las normativas vigentes con las prácticas que observamos en nuestras calles, surge una pregunta ineludible: ¿por qué los manuales de buenas prácticas terminan ignorados bajo los pies de la motosierra?

Los técnicos consultados defienden la "poda larga" y el respeto a la arquitectura natural del ejemplar, promoviendo soluciones donde la copa y los cables coexistan sin mutilaciones. Sin embargo, la realidad que documentamos en los barrios es radicalmente opuesta.

En las calles, el criterio técnico se reemplaza por el "bolillado" o desmoche.

Llamativamente los ejemplares, en lugar de ser conducidos con cuidado, son decapitados, dejando muñones de ramas gruesas que, lejos de ser seguros, se convierten en bombas de tiempo: al rebrotar, generan inserciones débiles, propensas a quebrarse ante el primer vendaval y eso ha quedado ilustrado más de una vez en nuestro medio, lo cual incluso incluyó una polémica con EDEN, quien solicitó al municipio mejorar las técnicas de poda. Aunque parece que los funcionarios de Pablo Petrecca para no tener problemas salieron a diezmar ejemplares.

Aunque haya sido así, no es lo necesario ni la solución, ya que lo que se presenta como una medida de "mantenimiento" o "prevención", termina reduciendo la vida útil del árbol y eliminando los servicios ecosistémicos que la ciudad tanto necesita.

Desde la gestión de Abel Miguel, que los árboles de Junín tuvieron una protección frente a cada vecino que se molestaba al respecto o quería manejarlo a su antojo. Las polémicas por las alergias que causaban y causan los plátanos centenarios inundaron las páginas de los diarios de entonces, pero a nadie se le ocurriría siquiera pensar que sería de -por ejemplo- Avenida de La Sota sin ellos de haberse cumplido el sueño de algunos quejosos, que seguramente tenían algo de razón, pero el bien común prevaleció y la sombra también.

Tal vez haga falta una vez más resaltar las bondades de estas especies de nuestras calles, haciendo un aporte al actúa como un filtro natural que captura partículas contaminantes (polvo, humo) y absorbe dióxido de carbono (CO₂) liberando oxígeno y mejorando la calidad del aire. Dato: un solo árbol maduro puede absorber hasta 150 kg de contaminantes al año.

Además sus raíces y follaje interceptan el agua de lluvia, ralentizando el escurrimiento y facilitando la absorción hacia las napas subterráneas.

También reduce la contaminación acústica ya que ramas, hojas y troncos dispersan y amortiguan los ruidos molestos del tránsito.

Proporcionan refugio y alimento para aves e insectos, enriqueciendo la fauna local y está comprobado que reducen los niveles de estrés de los habitantes, fomentando un entorno más agradable.

La UNNOBA elaboró un censo de las especies arbóreas de Junín para tener un material a mano que permita entre otras cosas su cuidado

¿Y SI CONSULTAN A LOS QUE SABEN?

Nuestra ciudad tiene precisamente excelsos profesionales que podrían ser consultados para mejorar las técnicas de poda y tener un conocimiento acabado de cómo mejorar la situación a favor de todos los juninenses.

El año pasado, con el objetivo de ofrecer una solución informática accesible, que permita dinamizar la protección del arbolado en toda la Provincia, profesionales bonaerenses con financiamiento de la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC) se encuentran desarrollando un sistema informático abierto y gratuito para gestores municipales de bosques urbanos.

En el equipo de trabajo confluyen profesionales de la informática, las ciencias agronómicas y las forestales, e involucra al Instituto de Investigación y Transferencia en Tecnología (ITT) y al Laboratorio de Ensayos de Materiales y Estructuras (LEMEJ) ambos pertenecientes a la Universidad Nacional del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires (UNNOBA) y asociados a la CIC. De hecho expertos de la UNNOBA llevaron adelante un profuso censo de las especies arbóreas de Junín, para tener un material a mano que permita entre otras cosas su cuidado.

“La verdad es que en general, en la mayoría de los municipios, al arbolado urbano no se le da la importancia o la atención necesaria, hasta que viene una tormenta y se caen siete árboles arriba de un auto o de una casa”, graficó la doctora en Ciencias Agrarias y Forestales Ana Clara Cobas, una de las investigadoras de la UNNOBA que intervino en el proyecto dado a conocer en 2025.

La gestión del arbolado tiene su marco normativo en la Ley Provincial 12.276, que entre otras cosas le exige a los municipios realizar un censo y un plan regulador. Ante las limitaciones de distinto tipo que suelen surgir en las comunas, si bien hay herramientas informáticas que podrían agilizar los relevamientos de campo y el procesamiento de los datos, el problema es que esas aplicaciones suelen ser costosas, rígidas, estar en idioma inglés o requerir conocimientos técnicos específicos.

En conclusión, la poda irracional no es una solución, es un síntoma de un sistema que ignora sus propias reglas. Cuando el árbol se trata como un estorbo que debe encogerse, en lugar de un activo que debe gestionarse, el resultado es una ciudad más gris y menos segura.

La solución no reside en nuevos manuales —ya los tenemos—, sino en la capacitación real de quienes operan en campo y en la exigencia ciudadana de cuidar ese patrimonio natural que, una vez mutilado, tarda años, y a veces décadas, en intentar recuperar su equilibrio.

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