Por: Escribe: Agustín Carlos Pinedo (*)
Hoy en día, los argentinos estamos asistiendo a un ataque inusitado desencadenado a partir de la participación del seleccionado de fútbol de nuestro país en la Copa FIFA.
En la cloaca de las redes vuelcan todo su odio, amasado en tantos años de frustración, algunos periodistas que están desesperados por conseguir seguidores, artistas de poca monta, influencers de escasa formación intelectual, rinden pleitesía a monarcas que gobiernan por gracia de Dios como en el Medioevo. También hay presidentes que lo único que hacen es desatar guerras para enriquecer a los fabricantes de armas, que odian a los inmigrantes y levantan muros para que no pasen, los deportan, les niegan el derecho a trabajar. Odian a los pobres y a los afrodescendientes les pegan dos tiros como si nada, mientras que otros gobiernos mantienen enclaves en África con vallados para que no pasen los que escapan de la hambruna. Y dicen que gobiernan por gracia de Dios. Algo que nos haría reír si no fuera tan trágico. Tampoco ahorran improperios destinados a un país generoso con todos aquellos lo que lo quieran habitar con universidades y hospitales gratuitos para todos y no solo para los nativos, porque en Argentina cuando es gratuito, es nobis et mundo.
No voy a negar que en Argentina hay fascistas pero permítanme decirles que los inventores del fascismo y el racismo salieron de la cultura europea, con países paladines en esa cuestión como Alemania, Italia, Francia, España, Inglaterra y, si quienes leen esto no lo saben, pregunten al pueblo Judío, a los pueblos africanos, a los de América, a los de Asia, al pueblo Chino.
También es cierto que hoy lamentablemente en Argentina tenemos un gobierno que utiliza expresiones racistas y de desprecio hacia nuestros hermanos latinoamericanos, pero no somos el pueblo argrntino, se trata de un gobierno temporario que nos avergüenza, aunque como reza nuestro poema nacional, el Martín Fierro: “No hay tiempo que no se acabe, ni tiento que no se corte”. Quiero que vean estas imágenes que son parte de nuestro panteón nacional que con orgullo enseñamos en nuestras escuelas y reproducimos en nuestros billetes. Presten atención a sus rostros. A buen entendedor las palabras sobran.
Juana Azurduy (1780/1862) Nacida en Sucre. Patriota de Charcas (actual Bolivia). Su padre era blanco y su madre de ascendencia europea y de pueblos originarios. Fue Teniente Coronel del Ejército de la República Argentina – Ascendida a General por el Congreso Nacional en el año 2011. Coronel del Ejército de Bolivia. Ascendida a Mariscal del Ejercito del Estado Plurinacional de Bolivia. Comandó ejércitos populares formados por indígenas y mestizos en el Alto Perú (hoy Bolivia) empleando tácticas de guerrilla contra los realistas españoles. Canciones del folclore argentino le rinden homenaje como la reconocida “Juana Azurduy” compuesta por Félix Luna con música de Ariel Ramírez quien también poseía profundas raíces criollas y de los pueblos originarios. Los viejos billetes de 200 pesos lucían su imagen femenina a la vez que una recia estampa de generala junto al General Martin Miguel de Güemes.

María Remedios del Valle, conocida como “La Madre de la Patria” (1766/1847) Nacida en Buenos Aires de padres desconocidos. De ascendencia africana, europea y de pueblo originarios. Fue Sargento Mayor del Ejército Argentino. Actuó como auxiliar de los batallones de milicianos que lucharon contra los invasores ingleses. Participó en los combates en el Alto Perú junto a su marido y sus dos hijos quienes no sobrevivieron a la campaña. Continuó participando del exitoso avance del Ejercito del Norte, así como de las derrotas sufridas en Ayohuma donde combatió, fue herida de bala y hecha prisionera. Desde el campo de prisioneros, ayudó a huir a varios oficiales y por ello fue sometida a nueve días de azotes públicos que le dejarían cicatrices de por vida. Pese a ello, logro huir y unirse nuevamente al ejército argentino combatiendo hasta el final de la guerra.
Los nuevos billetes de 10.000 pesos la muestran como una bella joven afrodescendiente junto al General Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, un hijo de italiano.
Es por esto y mucho más que antes de señalar con el dedo a todo un pueblo, convendría mirar su historia. Estos rostros forman parte de nuestra identidad y de la Patria que elegimos construir. Somos un país conformado por inmigrantes, pueblos originarios, afrodescendientes y criollos; una nación que, con sus contradicciones, hizo de la inclusión un ideal.
Que existan expresiones de odio no significa que ese sea el pueblo argentino. Nuestra historia dice otra cosa, y es a ella a la que deben observar cuando pretendan definirnos.
(*) Un Argentino