Por: Redacción Semanario de Junín
El diccionario define al cinismo como la "desvergüenza al mentir o actuar con hipocresía". Pocas descripciones parecen ajustarse tanto a la conducta política del hoy senador Pablo Petrecca y de buena parte del equipo que lo acompañó durante su gestión municipal, que convirtió la distorsión de los hechos en una marca registrada.
Junto a su usina de prensa y con un mensaje acaramelado, los funcionarios imponen un relato que contrasta con la realidad, sólo buscando sacar una ventaja política, acompañados por sus medios de comunicación amigos y vecinos que por propia desinformación caen en la trampa propagandística.
Lo acontecido hace unos días con la foto de Petrecca, su cuñado Juan Fiorini y el ex secretario de Obras Públicas y hoy concejal Marcelo Balestrasse, frente a la obra del paso bajo nivel de Rivadavia, constituyen una trilogía de la hipocresía, alabando una obra que por haber sido adjudicada a través del ministerio que lideraba Mario Meoni, sufrió el rechazo de los mismos que hoy la muestran como la “más importante de los últimos cien años”.
Por eso, la frase contundente de que “un pueblo sin memoria está condenado a repetirla”.
La controversia en torno al paso bajo nivel de avenida Rivadavia atravesó buena parte de la última gestión municipal. Desde distintos sectores se cuestionó al Ejecutivo local por las trabas administrativas, técnicas y políticas que retrasaron el inicio de la obra y por las decisiones adoptadas cuando el proyecto quedó paralizado tras el cambio de gobierno nacional.
Basta recordar una de las alternativas impulsadas desde el Ejecutivo municipal: volver a cubrir con tierra lo ya construido, una propuesta que implicaba destinar más de un millón de dólares de recursos municipales para deshacer una obra pública ya ejecutada en gran parte. Esa posibilidad finalmente fue descartada. Además la gestión municipal demoró el inicio y ritmo de ejecución mediante diversos requerimientos administrativos empezando porque fue el único paso bajo nivel en la región al que el municipio le exigió convocar a una audiencia pública previa para autorizar su inicio, lo que generó demoras iniciales.
También el área de Obras Públicas del municipio, por ese entonces a cargo de Balestrasse (que además ponía reparos en finalizar la terminal de ómnibus) planteó múltiples objeciones a los planos de escurrimiento pluvial y hubo cuestionamientos del gobierno local sobre quién debía asumir el costo y la responsabilidad operativa del sistema de bombas de achique.
A eso acumularon retrasos en las revisiones sobre el impacto ambiental de la traza y sobre el diseño de la pasarela peatonal y ciclística.
Tras el freno total de la obra pública dispuesto a nivel nacional a fines de 2023, la postura de la gestión municipal abrió nuevas controversias como la propuesta de venta de predios ferroviarios, para financiar la finalización de la obra.
La llegada del PRO al gobierno de La Libertad Avanza, permitió que se retomaran las obras paralizadas, lo cual hoy Petrecca, en el colmo del cinismo intenta capitalizar para su gestión cuando se ocupó personalmente de boicotearlo.
Sus palabras resuenan como una burla (otra más) al entender de los juninenses: “Es la obra más esperada e importante de los últimos 100 años en la ciudad”.
La reanudación del paso bajo nivel constituye una buena noticia para Junín y, sobre todo, para los vecinos y comerciantes que jamás resignaron el reclamo. Fueron ellos quienes sostuvieron durante años la presión para impedir que la obra quedara abandonada o, peor aún, que fuera definitivamente sepultada bajo tierra. Pretender ahora convertir esa perseverancia ciudadana en un mérito propio constituye un ejercicio de oportunismo político que difícilmente resista el contraste con la memoria colectiva.
Las obras públicas pueden demorarse, pero los hechos -por más que se intente reescribirlos- conservan una obstinación que ningún relato logra borrar.