Por: Redacción Semanario de Junín
EDITORIAL PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA Y EDICIÓN DIGITAL Nº 524 DE SEMANARIO DE JUNÍN. SEMANA DEL 25 AL 31 DE JULIO DE 2026
El consumo atraviesa una fuerte caída en el mercado argentino. Los datos recientes marcan una contracción interanual superior al 3% en supermercados, mientras que el consumo per cápita de carne vacuna descendió a 47 kilos anuales, su peor registro histórico en décadas.
Esta retracción generalizada se explica por la pérdida del poder adquisitivo frente a los salarios, el aumento de la morosidad y la caída del crédito. Como respuesta, los comercios minoristas han comenzado a ofrecer descuentos por pago en efectivo de hasta el 35% para subsistir y reducir la presión impositiva.
Aunque, en verdad, no hace falta leer informes ni contrastar planillas.
Recorrer las calles de Junín permite observar un panorama desolador a partir de la cantidad de comercios que van cerrando, mientras los que permanecen abiertos resisten como pueden un vendaval pocas veces visto, afrontando alquileres, servicios, sueldos y cargas sociales frente a una caja exigua y, muchas veces, inexistente.
Se trata de una recorrida similar al “Tren Fantasma”, durante la cual en cada rincón aparecen distintos monstruos que alteran el normal desenvolvimiento de comercios, industrias y pymes que crecieron y se desarrollaron durante años y que hoy atraviesan, en muchos casos, situaciones desesperantes.
Ingresar a ese mundo por estos días resulta una experiencia delicada, frente a la cual la dirigencia política y social parece ausente ante la destrucción del aparato productivo doméstico.
El dúo Petrecca-Fiorini, que tantas veces sostiene la cinta de las inauguraciones para salir en la foto, literalmente se borra cuando hay que defender la actividad local.
No existen políticas que le sirvan al distrito para sostener, aunque sea, un mínimo crecimiento frente a una crisis como la actual.
Los datos son contundentes respecto de que la economía de Junín creció entre 2024 y 2025 bastante menos que otros distritos del noroeste bonaerense, a pesar de contar con ventajas comparativas derivadas de su ubicación geográfica, su escala demográfica y su condición de centro regional.
Basados más en el marketing político que en la política como herramienta para favorecer a la comunidad, siguen construyendo su fortaleza sobre la gastronomía fast food, al tiempo que exaltan la decisión de demoler parte de la nueva terminal para convertirla en una galería comercial. Todo ello ocurre mientras las necesidades de los vecinos pasan por intentar estirar un ingreso cada vez más reducido para satisfacer necesidades básicas de alimentación, dejando para tiempos mejores el pago de deudas, las salidas recreativas o la renovación de la vestimenta.
La falta de empatía frente a los padecimientos de quienes alguna vez los eligieron para una gestión eficiente choca de frente con los intereses personales y el favorecimiento de amigos y allegados, abocados a detectar nuevos negocios que les permitan sostener una vida de privilegios, financiada justamente por quienes ya comienzan a quedarse sin recursos incluso para sobrevivir.
La situación se acerca peligrosamente a un límite. El elástico social y económico lleva demasiado tiempo siendo estirado.
Cada comercio que baja una persiana, cada pyme que reduce actividad y cada familia que resigna consumo son señales de una realidad que ya no admite indiferencia.
Cuando el consumo desaparece, no sólo se resienten las estadísticas: se deterioran el trabajo, la producción, las oportunidades y la esperanza de una comunidad entera.
Y cuando eso ocurre, lo que se consume no es únicamente la economía, sino también el futuro.
