jueves 30 de julio de 2026

NACIONALES | 30 jul 2026

RECUERDO

A 60 años de la Noche de los Bastones Largos y el inicio de la 'fuga de cerebros' del país

07:33 |El 29 de julio de 1966, apenas un mes después de haber derrocado al radical Arturo Illia, el dictador Onganía ordenó la intervención de las universidades. La resistencia de las autoridades académicas, los graduados y los alumnos fue reprimida salvajemente.


Se cumplen sesenta años de la brutal represión a la universidad pública por la dictadura de Juan Carlos Onganía, conocida como La Noche de los Bastones Largos, y que marcó un hito que desmanteló la ciencia nacional y provocó una masiva fuga de cerebros. 

El 29 de julio de 1966, el régimen militar autoproclamado "Revolución Argentina" firmó el decreto ley 16.912 para suprimir la autonomía universitaria. Estudiantes y profesores de la Universidad de Buenos Aires (UBA) respondieron ocupando de forma pacífica las facultades de Ciencias Exactas, Filosofía y Letras, Medicina, Ingeniería y Arquitectura.

Para seguir en sus cargos, los rectores debían transformarse en interventores a las órdenes de ese ministerio. Acostumbrado a los emplazamientos militares, Onganía les dio 48 horas para decidir si aceptaban seguir en sus cargos bajo esas condiciones o renunciaban.

Ante la intimación dictatorial, autoridades, docentes y estudiantes confluyeron en las facultades de Ciencias Exactas y Naturales, Filosofía y Letras, Medicina, Arquitectura e Ingeniería para decidir medidas de resistencia. Estaban debatiendo en los claustros cuando la Policía Federal comenzó a cercar el lugar. La respuesta del gobierno de facto fue un violento desalojo ejecutado por la Guardia de Infantería de la Policía Federal provista de largos bastones de madera.

Los pasillos y laboratorios se convirtieron en zonas de cacería: hubo más de 400 detenidos, heridos y valiosísimo material científico destruido a golpes. Figuras ilustres como el decano Rolando García sufrieron la humillación física al exigir respeto por la ley y la investidura académica.Más de 700 docentes e investigadores renunciaron y partieron hacia el exilio, marcando el éxodo intelectual más grave de nuestra historia moderna.

Escánadlo internacional

Onganía no imaginó que su brutalidad iba a generar una ola de repudio no solo dentro sino también fuera de las fronteras del país. El 30 de julio, el profesor estadounidense Warren Ambrose, invitado extranjero en la Facultad de Ciencias Exactas, envió una carta al editor de The New York Times, que la publicó de inmediato. Aterrorizado por lo que acababa de vivir, Ambrose relataba: “Entonces entró la policía. Me han dicho que tuvieron que forzar las puertas, pero lo primero que escuché fueron bombas, que resultaron ser gases lacrimógenos. Los soldados (N. del A.: confunde policías con soldados) nos ordenaron, a los gritos, pasar a una de las aulas grandes, donde se nos hizo permanecer de pie, con los brazos en alto, contra una pared”, escribió.

Y en el párrafo siguiente agregaba: “El procedimiento para que hiciéramos eso fue gritarnos y pegarnos con palos (…). Todo el mundo (entre quienes me incluyo) estaba asustado y no tenía la menor intención de resistir. Nos agarraron a uno por uno y nos empujaron hacia la salida del edificio. Pero nos hicieron pasar entre una doble fila de soldados, colocados a una distancia de diez pies entre sí, que nos pegaban con palos o culatas de rifles (…). Yo, como todos los demás, fui golpeado en la cabeza, en el cuerpo, y en donde pudieron alcanzarme”.

Luego de ser publicada en el diario neoyorquino, la carta de Ambrose fue reproducida por otros medios de América Latina, Europa y Estados Unidos. La difusión del brutal ataque de la dictadura a profesores y estudiantes universitarios provocó también expresiones de repudio de muchas de las más importantes universidades del mundo. En los días siguientes, alrededor de la mitad de los docentes de la Universidad de Buenos Aires presentó su renuncia como protesta ante la intervención y la violencia. Eran miles de profesores. Desde el Ministerio del Interior la decisión fue cerrar las facultades.

Comenzaba una sangría para el desarrollo soberano de la ciencia y la tecnología argentinas. Los institutos de investigación de la Facultad de Ciencias Exactas eran desmantelados. Muchos de los mejores docentes y científicos decidieron irse al exterior para escapar del oscurantismo que caía como un velo sobre la Argentina.

Las consecuencias del ataque de la dictadura de Onganía contra las universidades, del cual la foto de la Noche de los Bastones Largos ha quedado como un símbolo, se prolongarían mucho más allá de los casi siete años que duró la dictadura de la “Revolución Argentina”.

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