Por: Ismael A. Canaparo
El semanario “Periscopio” fue creado con la intención de darle continuidad a dos proyectos precedentes: “Primera Plana” (https://ahira.com.ar/revistas/primera-plana/), de largo alcance, y el más fugaz "Ojo" (https://ahira.com.ar/revistas/ojo/).
Las presiones y la clausura por parte del gobierno militar del teniente general Juan Carlos Onganía, condujeron a este emprendimiento que se publicó entre el 23 de setiembre de 1969 y el 1 de setiembre de 1970. El cierre de “Ojo” derivó en la apertura de “Señoras y Señores” –destinada a las artes, el mundo del espectáculo y la vida cotidiana–, en paralelo a “Periscopio”, con temas de actualidad y orientada hacia un público más vasto.
“Periscopio” comenzó con un tamaño tabloide pero, a poco de aparecer, adoptó un formato semejante al que tenía “Primera Plana”. Al margen de las formas, un nombre marcó la continuidad de toda la empresa: Victorio Ítalo Sebastián Dalle Nogare. El ex empresario textil figuraba como director, al igual que en las otras tres revistas. Los integrantes del staff no se mencionaron –salvo en algunas notas firmadas– hasta abril de 1970, cuando un recuadro explicitó sus nombres: Ramiro de Casasbellas como Director ejecutivo; Osiris Troiani como Jefe de redacción. Julio Ardiles Gray, Ernesto Schoó, Jorge Llistosella, Mario Trejo, Eduardo Belgrano Rawson, Osvaldo Lamborghini, Manrique Fernández Moreno, Enrique Bugatti, María Victoria (Vicky) Walsh, Norberto Soares, Roberto García, entre otros, participaron de la redacción de esta revista ilustrada por Sempé y Kalondi y Flax (Lino Palacio).
Su línea editorial tuvo vaivenes: de la autocensura de los primeros números a las críticas sobre el accionar gubernamental. Los lectores acompañaron la propuesta: “Periscopio” llegó a vender 40.000 ejemplares. En el editorial del último número, se alude a los modos de la discusión apasionada de los problemas nacionales, distinguiendo entre la “polémica, como nota dominante de la convivencia intelectual” y la no aceptación de “directivas extrañas”. Una semana después, volvía a los kioscos “Primera Plana” con esta leyenda: “ya podemos leer “Primera Plana” sin necesidad de usar un “Periscopio”.
RAMIRO DE CASASBELLAS
En su trayectoria de más de cuarenta años, Ramiro de Casasbellas, fallecido el 9 de noviembre de 1999, a los 65 años, víctima de un infarto, fue uno de los protagonistas de una era de importantes transformaciones en el periodismo argentino. Con su trabajo en la revista “Primera Plana”, de la que llegó a ser director y, más tarde, como subdirector del diario “La Opinión”, contribuyó de manera decisiva a crear un estilo que caracterizó a las décadas de 1960 y 1970.
Siempre rechazó la computadora y ni siquiera tenía fax. En sus últimos tiempos, colaboraba en el diario La Nación. Había comenzado su carrera periodística en el diario La Razón, en la década del cincuenta. Cursó el secundario en la Escuela de Comercio Carlos Pellegrini, y dio varias materias en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. Pero el periodismo y la literatura lo atraparon desde muy joven. También en la década del cincuenta, alrededor de la revista Poesía Buenos Aires-que dirigió Raúl Gustavo Aguirre-, Casasbellas compartió inquietudes estéticas junto con poetas como Francisco Urondo, Noé Jitrik y Alberto Vanasco.
Convocado por Jacobo Timerman, fue subdirector de la revista “Primera Plana”, que apoyó el golpe militar que derrocó al gobierno de Arturo Illia. Lamentó años después aquella situación. Nuevamente, llamado por Timerman, fue subdirector del matutino “La Opinión”, intervenido por la dictadura militar de 1976. En abril de 1977, Timerman fue secuestrado, y estuvo detenido-desaparecido. Casasbellas también tuvo que declarar ante la Policía de Ramón Camps. Después de este episodio la relación entre ambos se resquebrajó.
En 1988 fundó el semanario “El Ciudadano”, desde el que apoyó abiertamente la candidatura a presidente de Eduardo Angeloz. Y criticó con dureza al peronismo. También, durante el gobierno de Raúl Alfonsín, Casasbellas estuvo a cargo de la Secretaría de Relaciones Culturales de la Cancillería. Y fue presidente de ATC (televisión estatal). Estaba casado en segundas nupcias con Inés Alconada Aramburú, hija del ministro de Educación y Justicia del gobierno de Alfonsín. Tenía seis hijos, el mayor de ellos hijo de su primera esposa.
JULIO ARDILES GRAY
Entre las plumas brillantes de “Periscopio”, se rescata fácilmente la de Julio Ardiles Gray, que nació en Monteros (Tucumán), el 6 de mayo de 1922. En su provincia fue docente y periodista en “La Gaceta”. Luego se trasladó a Buenos Aires y trabajó en “Primera Plana” y “La Opinión”.
Publicó varios libros de poesía, novelas y cuentos: “Tiempo deseado”, “Cánticos terrenales”, “Acentos para una balada”, “La grieta”, “Los amigos lejanos”, “Elegía”, “El Inocente”, “Los médanos ciegos”, “Las puertas del paraíso”, “Como una sombra cada tarde”, “El casamentero”, “Cuentos amables, nobles y memorables”, “Historias de taximetreros”, “La noche de cristal”, y también veintidós obras teatrales. En 2004 fue nombrado Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Tucumán.
Como periodista fue uno de los pioneros argentinos en el género “historia oral”, emparentado con el “Nuevo Periodismo” estadounidense. Algunos de sus trabajos se compilaron en el libro “Historias de artistas contadas por ellos mismos”.
Murió el 19 de agosto de 2009, a los 87 años. Sus cenizas fueron esparcidas en el arroyo El Tejar, que cruza la ciudad de Monteros y corre al pie de la casa familiar en la que transcurrió su infancia.
Fuente: AHIRA (Archivo Históricos de Revistas Argentinas).