Por: Redacción Semanario de Junín
Karina Milei ya mueve las piezas para conquistar la provincia en 2027 y necesita intendentes del PRO y del radicalismo. En la Cuarta Sección, mientras tanto, la UCR vuelve a exhibir sus fracturas. En Junín, el escenario podría abrirle a Pablo Petrecca una puerta que durante años pareció difícil de atravesar: la Universidad Nacional del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires.
Hay momentos en la política en los que las convicciones pasan a segundo plano y lo que importa es quién conserva la llave para entrar al próximo reparto de poder. También están aquellos dirigentes que descubren, con sorprendente facilidad, que la camiseta que defendieron durante años puede cambiar de color si del otro lado aparece una oportunidad.
La política bonaerense parece encaminarse hacia uno de esos momentos.
Mientras Karina Milei toma el control del armado territorial de La Libertad Avanza con la mira puesta en 2027, el radicalismo vuelve a mostrar que sus viejas diferencias están lejos de haber sido saldadas. Y entre ambas situaciones aparece una pregunta inevitable: ¿cuántos dirigentes están realmente dispuestos a defender una identidad política y cuántos están esperando que se abra una puerta para cruzarla?
En la Cuarta Sección Electoral, donde el radicalismo conserva intendencias, legisladores y una estructura territorial que todavía representa un capital político considerable, la respuesta puede comenzar a conocerse antes de lo previsto
La Libertad Avanza ya puso la mira sobre la provincia de Buenos Aires. El objetivo declarado es de máxima: destronar al peronismo de su principal bastión electoral y conquistar al menos 70 de las 135 intendencias bonaerenses.
Karina Milei reunió a los bloques de senadores y diputados provinciales junto al armador bonaerense, Sebastián Pareja, y dejó planteada una hoja de ruta que excede largamente una elección legislativa. Entre las iniciativas que el oficialismo pretende instalar aparecen una reforma de la Constitución provincial, la eliminación del Senado para avanzar hacia una Legislatura unicameral, modificaciones electorales, reducción de impuestos y mayor autonomía para los municipios.
La propia conducción libertaria reconoce que hoy no cuenta con los votos suficientes para avanzar con semejante paquete. Pero el objetivo es otro: instalar la discusión, construir poder territorial y llegar a 2027 con una estructura capaz de sostener esas reformas.
La Libertad Avanza pretende sumar al PRO y a sectores del radicalismo. El cálculo parte de los 27 municipios gobernados actualmente por intendentes radicales y los 13 que administra el PRO. Sobre ese piso, el oficialismo pretende construir una coalición que le permita disputar el poder territorial bonaerense.
Los contactos ya están abiertos con Cristian Ritondo, Maximiliano Abad y distintos referentes vecinalistas.
La reciente Convención provincial de la UCR volvió a mostrar que la unidad partidaria tiene más de fotografía que de realidad. El encuentro reunió a 254 convencionales, pero el desacuerdo por el reparto de cargos terminó provocando la salida del sector territorial vinculado al ex intendente de Trenque Lauquen, Miguel Fernández.
El grupo que responde a Fernández rompió con el resto del partido y dejó expuesta una disputa que involucra al abadismo y a Evolución. En la Cuarta Sección, la fractura también tiene nombres propios.
Detrás del oficialismo de Emiliano Balbín se ubicó la intendenta de General Arenales, Érica Revilla. En la vereda de Construir quedaron Franco Flexas, de General Viamonte; Nahuel Mittelbach, de Florentino Ameghino; Salvador Serenal, de Lincoln; y Francisco Recoulat, de Trenque Lauquen. También se sumaron a esa línea el diputado provincial Valentín Miranda y la senadora Natalia Quintana.
Sobre ese escenario partidario, que debería ser una discusión acerca de proyectos, identidad y futuro, sobrevuela la tentación libertaria. Porque si La Libertad Avanza necesita intendentes, el radicalismo los tiene. Si necesita estructura territorial, la UCR todavía algo conserva.
Y si necesita dirigentes “dispuestos” a acompañar una nueva coalición, la política argentina ya demostró que las fronteras ideológicas pueden volverse extraordinariamente permeables cuando aparecen posibilidades concretas de conservar o conquistar poder.
Como siempre cuando hay poder en la nebulosa aparece Pablo Petrecca para intentar quedárselo.
El intendente licenciado de Junín ya quedó fuera de la posibilidad de disputar una precandidatura a la Gobernación bonaerense y, según la lectura política que surge del escenario local, podría concentrar sus expectativas en otro objetivo. Su viejo fetiche: la Universidad Nacional del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires.
La deseada UNNOBA aparece desde hace tiempo como un espacio que desvela al jefe comunal. Y el debilitamiento del radicalismo local podría transformar una aspiración hasta ahora complicada en una posibilidad concreta.
Un viejo dirigente radical lo resumió con una frase que, por su crudeza, explica mejor que cualquier análisis el momento que atraviesa el partido: a Petrecca le faltarían “un par de figuritas” para completar el álbum y avanzar sobre toda la estructura universitaria desplazando a Guillermo Tamarit.
La frase puede ser apenas una interpretación interna. Pero adquiere otra dimensión cuando se la coloca junto al resto del tablero.
Porque si el radicalismo se fragmenta, si algunos intendentes comienzan a mirar hacia La Libertad Avanza y si el oficialismo nacional decide que para conquistar Buenos Aires necesita apropiarse de estructuras que históricamente pertenecieron a otros espacios, entonces la discusión deja de ser exclusivamente partidaria para transformarse en una de poder.
Lo curioso es que mientras los ciudadanos observan cómo sus representantes cambian de posición, construyen nuevas alianzas y ensayan explicaciones para justificar cada movimiento, buena parte de la dirigencia parece haber descubierto que las ideologías son una herramienta de ocasión. Hoy se defiende la identidad partidaria. Mañana se negocia una alianza. Pasado mañana se habla de una construcción superadora.
Lo difícil es explicar dónde quedó aquello que alguna vez se prometió defender. Quizás por eso el verdadero problema del radicalismo no sea solamente que está partido en dos, ni que La Libertad Avanza quiera quedarse con sus intendentes.
El problema es que, mientras los dirigentes discuten quién se queda con las partes, los ciudadanos empiezan a preguntarse si queda algo del partido que alguna vez conocieron y del que ahora cualquiera se pone a juntar pedazos.
Incluso quienes, hasta ayer, juraban que jamás se sentarían en la misma mesa.