La recién estrenada serie sobre Moria Casán reavivó el interés por una de las figuras más singulares y transgresoras de la escena artística argentina: el juninense Batato Barea. El homenaje que la producción le dedica no solo rescata su legado, sino que también genera un diálogo intergeneracional sobre el arte, la identidad y el cruce entre la cultura under y la televisión en los años 80 y principios de los 90.
En uno de los episodios más destacados, la ficción recrea el histórico encuentro entre Batato y Moria en el programa A la cama con Moria. Allí, la actriz, conductora y vedette se enfrenta a un invitado que, como ella misma recordaría años después, llegó “súper afiebrado” desde Uruguay solo para estar presente en el reportaje. Moria, al verlo esperando en un rincón, decidió suspender la presencia de cualquier otra figura para dedicarle a Batato un espacio exclusivo: “La cama será con él, con nadie más”. Ese gesto, que en la serie se traduce en una escena de intimidad y homenaje, resume la relación especial entre ambos y el reconocimiento de la diva a un arte que rompía con las categorías tradicionales del espectáculo televisivo.
La serie construye el homenaje a Batato desde varios frentes. Por un lado, elige a Donna Tefa Sanguinetti —artista juninense y coguionista del proyecto— para ponerse en la piel de Batato, otorgando autenticidad y sensibilidad al retrato. Por otro, decide reconstruir el clima de época sin caer en el anecdotario superficial. El encuentro televisivo es mucho más que un cameo: la producción lo convierte en uno de los momentos más emotivos de la temporada, permitiendo que el público conozca la profundidad de la interacción entre ambos artistas y el respeto mutuo que existía.
Esta reconstrucción tuvo un fuerte impacto en la recepción de la serie. Para espectadores jóvenes, el nombre de Batato Barea generó curiosidad y motivó búsquedas sobre su figura y su rol pionero en la escena under. Para quienes vivieron aquellos años, la escena funciona como un portal a un momento en el que el arte alternativo comenzaba a encontrar espacios en la televisión masiva, algo casi inédito hasta entonces.
Salvador Walter Barea, conocido artísticamente como Batato, nació en Junín en 1961 y se convirtió en referente de la cultura under porteña de los años 80
Durante la entrevista, Moria le pregunta: “¿Estás contenta?” refiriéndose a su repercusión mediática. Batato, tras un silencio, responde con un “sí” apagado. Ese instante, recordado posteriormente por amigos y contemporáneos como Peter Pank, es interpretado como una muestra de la conciencia de Batato sobre la cercanía de sus últimos días y su decisión de vivirlos plenamente.

Salvador Walter Barea murió el 6 de diciembre de 1991: tenía 30 años.
La serie no solo recrea la escenografía y la atmósfera del programa, sino que logra transmitir el vínculo real entre ambos. El resultado es una escena que trasciende la mera representación y se instala como un acto de reparación y Salvador Walter Barea, conocido artísticamente como Batato, nació en Junín en 1961 y se convirtió en referente de la cultura under porteña de los años 80. Se autodefinía como “clown travesti literario”, una etiqueta que resume el cruce de poesía, humor, transformismo y performance que caracterizaba sus presentaciones. Batato actuó en espacios emblemáticos como el Parakultural, la discoteca Cemento y el Centro Cultural Ricardo Rojas, donde sus “numeritos” —pequeñas escenas cargadas de ironía y lirismo— se volvieron legendarios.
Junto a Alejandro Urdapilleta y Humberto Tortonese, Batato integró un trío que marcó a toda una generación, llevando textos de autoras como Alejandra Pizarnik, Alfonsina Storni o Néstor Perlongher a registros inesperados, entre lo poético y lo absurdo. Estas puestas, muchas veces improvisadas y sin base dramática, fueron reconocidas como precursoras de la performance en Argentina.
Su magnetismo y originalidad permitieron que su arte cruzara hacia los medios masivos. Batato participó en programas de figuras como Antonio Gasalla, en ciclos de Teté Coustarot y Juan Carlos Mareco, y por supuesto, en A la cama con Moria. Este cruce era excepcional en la época, cuando el under y la televisión raras veces se encontraban. Su llegada a la TV marcó un precedente para futuras generaciones de artistas alternativos.
Se autodefinía como “clown travesti literario”, una etiqueta que resume el cruce de poesía, humor, transformismo y performance que caracterizaba sus presentaciones
Batato había dejado indicaciones para su velorio. Lo vistieron con una túnica verde, nueva. Lo maquillaron, lo arreglaron. “El velorio fue en la calle Córdoba. Sergio Avello, un artista plástico, le hizo una cruz de globos celestes. Batato montó también su velorio. Era como una regie. Él sabía que se iba a morir”, recuerda Fernando Noy. Así viajaron, con el cajón en una camioneta, hasta Junín, donde está enterrado con toda su familia. Agrega Noy: “La Gran Markova me dijo una vez, ‘sabés qué tiene como plus?: esa inocencia, de pajuerana, de paisana’. Él realmente era una chica de provincia”.