sábado 29 de agosto de 2026

CULTURA | 28 ago 2026

TENÍA 97 AÑOS

Murió Yayoi Kusama: dolor en el arte por la partida de la reina de los lunares

La icónica creadora japonesa falleció en Tokio, tras revolucionar la escena cultural de vanguardia con sus instalaciones inmersivas y patrones infinitos.


La célebre artista japonesa Yayoi Kusama murió a los 97 años en un centro médico de Tokio. Su entorno confirmó que el deceso ocurrió el pasado 14 de agosto, dejando un legado indeleble dentro de la escena cultural y la vanguardia internacional.

Reconocida mundialmente por su estilo inconfundible marcado por los lunares, transformó sus visiones personales en una obra expansiva que abarcó pintura, escultura e instalaciones inmersivas. "Con profunda tristeza comunicamos el fallecimiento de Yayoi Kusama en un hospital de Tokio el 14 de agosto de 2026", anunció su sociedad a través de un comunicado oficial.

"Continuó pintando hasta sus últimos días, sin apartar nunca el pincel, y continuó su exploración del amor eterno y del alma perpetua", destacaron sobre su incansable compromiso creativo a lo largo de más de siete décadas de trayectoria.

De los inicios en Japón a la vanguardia neoyorquina

Nacida en 1929 en la ciudad de Matsumoto, Yayoi Kusama comenzó a experimentar con redes y puntos a temprana edad.

A fines de la década de 1950 se trasladó a Estados Unidos, donde se consolidó como una figura clave del arte contemporáneo y la escena neoyorquina mediante provocativos happenings, instalaciones y manifestaciones estéticas contra el conservadurismo de la época.

Su obra estuvo profundamente ligada a su salud mental, una temática que abordó de manera abierta a lo largo de toda su vida.

"Si dejo de pintar empiezo a sentir tendencias suicidas. Lucho contra mi enfermedad mental pintando todos los días", había declarado la creadora en 2013, durante la presentación de una de sus retrospectivas internacionales.

El regreso a Tokio y un legado infinito

En los años 70, la artista japonesa decidió regresar a su país natal e internarse de forma voluntaria en una clínica psiquiátrica de Tokio, espacio que convirtió en su hogar y taller creativo hasta sus últimos días.

Desde allí ideó sus célebres Infinity Mirrored Rooms y las icónicas esculturas de calabazas a gran escala.

Su producción alcanzó las galerías y museos más prestigiosos del mundo, generando récords de asistencia y ventas millonarias en el mercado del arte.

"Seguiré haciendo mi arte hasta el día en que me muera, e incluso después de mi muerte, mi espíritu seguirá creando nuevas obras de arte", expresó la figura revolucionaria que transformó el dolor en una de las estéticas más influyentes de la era moderna.

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