Mónica Díaz denunció públicamente en las redes sociales el destrato, los diagnósticos erróneos y la falta de empatía que sufrió su hermano mientras cursó su internación en la Clínica La Pequeña Familia de Junín, antes de ser trasladado y fallecer en La Plata.
A continuación, detalla el desgarrador testimonio que vivió la familia que pasó de buscar respuestas médicas a vivir una auténtica pesadilla institucional. Una denuncia pública que expone las falencias, la burocracia y el abandono en la atención de salud.
Hoy quiero exponer públicamente el calvario que vivimos con mi hermano, Hernán Díaz, en la Clínica La Pequeña Familia (Junín). Ingresó el 06/08 con confusión y dolor severo. Tras descartar un ACV, comenzó una odisea sin diagnóstico claro.
Su salud se deterioró con una hipercalcemia que lo llevó a terapia intensiva. Aunque agradecemos la contención de las doctoras Belén y Victoria, y el trato en la UTI, el regreso a piso fue un calvario. Una oncohematóloga soberbia le realizó una punción fallida y dolorosa con una aguja incorrecta; una verdadera carnicería.
Ante su descompensación, otra médica llegó a decirnos: "¿Para qué querés que venga, si no le va a hacer nada?". Los dolores eran insoportables, su glucemia cayó y no lo sedaron para una resonancia.
Para colmo, retrasaron un PET SCAN por burocracia de la dirección, no había reactivos para medir el cortisol y sufrimos el maltrato de una enfermera que priorizó su computadora ante nuestros ruegos de auxilio. Ante la desesperación, lo trasladamos al Hospital Italiano de La Plata.
En la clínica nos aseguraron que su acidosis metabólica estaba "controlada", pero al llegar nos informaron que su estado era crítico. Falleció el 22/08. Nunca nos hablaron de su gravedad y, como corolario, la patóloga pretendía cobrarnos la biopsia para saber de qué murió.
¿Dónde quedó la empatía de estos residentes y especialistas? ¿Existe Recursos Humanos o todo es plata?
Exigimos disculpas y una explicación. Su muerte merece respeto.