lunes 14 de septiembre de 2026

NACIONALES | 14 sept 2026

EDITORIAL DE N.A.

La figura del bravucón y el fenómeno Milei-Trump

07:00 |Sin demasiados secretos quedó confirmado que Donald Trump fue quien impulsó a Javier Milei a cambiar de rumbo y ejercer un patoterismo barato en torno a las Islas Malvinas.


Por: Fernando Somoza (*)

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, dijo ayer sábado que un conflicto por las Islas Malvinas entre Argentina y el Reino Unido constituiría un “desastre potencial”, aunque manifestó que confía en poder “resolverlo” si le pidieran intervenir.

Las declaraciones se producen días después de que el Gobierno argentino relanzara su agenda sobre la cuestión Malvinas, en un giro de 180 grados, llegando a una situación en la que el presidente Javier Milei, que se había mostrado a favor de la autodeterminación de los kelpers y su admiración por Margaret Tatcher, anunciara un paquete de medidas que incluyó la reglamentación de sanciones contra compañías que exploten hidrocarburos en el área sin autorización, el refuerzo del presupuesto de Defensa y el proyecto de una Base Naval Integrada en Ushuaia.

La política contemporánea experimenta un mutación perturbadora encarnada globalmente en figuras como Trump y, en el plano local, Milei.

Para comprender por qué franjas masivas de la sociedad no solo toleran, sino que aplauden la confrontación encarnizada, es necesario determinar si existe un vínculo psíquico que une al elector con este arquetipo de poder.

Pareciera que no estamos ante una opción ideológica; sino a un escenario donde el votante busca validación y refugio.

En el origen de esta dinámica se encuentra un mecanismo elemental: la confusión entre la fuerza genuina y la dominación propia del bravucón escolar.

En entornos sociales marcados por la decadencia y frustración los ciudadanos experimentan una profunda vulnerabilidad.

Los especialistas destacan que “ante la sensación de indefensión, el cerebro social busca instintivamente un protector de mano dura”

El estilo agresivo, el insulto y la negativa las reglas tradicionales de la corrección política en lugar de un disvalor se transforman erróneamente en una prueba de valentía y eficacia.

El votante, cansado de la impotencia institucional, se alinea con el "bravucón" porque asume que su rudeza es el único instrumento capaz de doblegar a un grupo de poder percibido como corrupto e ineficiente.

Las biografías públicas de Milei y los testimonios sobre su infancia documentan un trayecto vital atravesado por la severidad, el aislamiento y el repudio escolar donde era rotulado bajo el mote de "el loco”, además de vínculos familiares marcados por la violencia.

Desde la perspectiva psicoanalítica, “sobrevivir a un entorno de hostilidad sistemática suele forjar defensas rígidas: el niño marginado se blindarás tras una armadura hiperracional, un dogmatismo inflexible y la construcción de un personaje omnipotente”.

El ascenso a la cúspide del poder político opera, en este plano inconsciente, como una reparación histórica impresionante.

Aquel joven acorralado en el patio del colegio o silenciado en su hogar hoy está a cargo del Estado, devolviendo el golpe institucional a sus detractores mediante los mismos códigos de estridencia y desprecio hacia el adversario. La investidura presidencial se convierte así en el triunfo definitivo de la víctima convertida en autoridad suprema.

No resulta extraño entonces que en su vulnerabilidad el afectado busque el respaldo del bravucón, ofreciéndole a cambio la veneración, acicalándole el ego.

Tanto Trump como Milei se satisfacen a partir de una simbiosis que puede resultar peligrosa para sus respectivos gobernados.

Para ellos es “la gente de bien” contra el resto que no los apoya. Para el votante hastiado, esta simplificación es sumamente seductora: elimina los grises de la democracia deliberativa y ofrece un chivo expiatorio claro.

Cuando las instituciones fallan en garantizar previsibilidad y bienestar, las sociedades recurren a liderazgos de carácter defensivo.

Sin embargo, el peligro de este pacto emocional radica en que la política reducida a una revancha escolar perpetua no construye comunidad, sino que profundiza los abismos de la fractura social, apostando a que el grito del más fuerte silencie, temporalmente, el miedo de los desprotegidos.

Milei encuentra respaldo en Trump, pero mientras el libertario deja desprotegidos a la mayoría de sus ciudadanos, contrariamente el líder de la mayor potencia mundial blinda su economía para favorecer su estructura productiva.

Un rompecabezas difícil de armar, pero como ocurre en todos los casos, los efectos colaterales los pagan los más débiles, cuya comunidad es lo único que crece en un país donde todo se reduce, principalmente el bienestar.

(*) [email protected]

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