martes 15 de septiembre de 2026

LOCALES | 15 sept 2026

ANALISIS SEMANARIO

Junín y la crisis: ¿cuál es la deuda por pertenecer?

07:19 |En 1968, cuando buena parte del mundo todavía estaba muy lejos de imaginar el consumo masivo, Jean Baudrillard publicó su obra “El sistema de los objetos”. Su planteo sigue teniendo una actualidad considerable más allá de los casi 60 años que pasaron. ¿Votamos para “vivir como otros”?


Por: Redacción Semanario de Junín

Según datos oficiales, a finales de agosto los habitantes de nuestro distrito tenían $242.363 millones de deuda, lo que equivalía a casi 10.000 vecinos en mora.

Sin embargo, surgen interrogantes que no aparecen en las estadísticas y que todavía no podemos responder: ¿cuánto se adeuda para comer, pagar servicios o llegar a fin de mes y cuánto para comprar aquello que promete pertenencia, status o una vida que se parece a la de otros?

Jean Baudrillard lo advirtió en 1968. Junín (no en exclusividad) parece haber convertido aquella advertencia en una postal del presente.

Alguien dijo alguna vez que hay números que dejan de ser tan sólo eso cuando se los mira de cerca. Una concepción que no tienen los economistas faltos de empatía.

Junín acumula $242.363,71 millones de deuda. Son 47.169 personas con obligaciones registradas y 9.574 que ya se encuentran en mora. Es decir, casi uno de cada cinco deudores tiene atrasos superiores a los 90 días. La deuda en mora alcanza los $33.826,47 millones.

El dato más preocupante aparece entre los menores de 25 años: 974 de los 2.725 jóvenes endeudados están en mora. La tasa llega al 39,07%.

Tal como indicábamos más arriba: no sabemos cuánto de esos $242.000 millones se pidió para comprar alimentos, pagar la luz, el gas, el alquiler, medicamentos o sostener gastos indispensables cuando el ingreso dejó de alcanzar.

Tampoco cuánto corresponde a celulares, electrodomésticos, viajes, indumentaria, tecnología o cualquier otro objeto adquirido mediante crédito.

Una generación que creció con la promesa de que todo estaba al alcance de un clic puede terminar descubriendo que el crédito también es una forma de postergar el límite

ENTRE LA NECESIDAD Y EL DESEO

En 1968, cuando buena parte del mundo todavía estaba muy lejos de imaginar el consumo masivo, Jean Baudrillard publicó su obra “El sistema de los objetos”.

Su planteo sigue teniendo una actualidad considerable más allá de los casi 60 años que pasaron.

Nos interpela respecto a que los objetos no son solamente cosas que utilizamos. También son signos. Dicen quiénes somos, quiénes queremos ser y, sobre todo, dónde pretendemos ubicarnos dentro de la sociedad.

El objeto deja de valer únicamente por su utilidad. También vale por lo que representa.

Un automóvil puede llevarnos de un lugar a otro, pero también puede decir que progresamos. Un teléfono permite comunicarnos, pero además puede funcionar como una tarjeta de presentación. Una determinada ropa puede abrigar, pero también puede expresar pertenencia. Una marca puede vender una zapatilla, pero también vender la ilusión de pertenecer a determinado universo social.

Baudrillard sostenía que el consumo no se explica solamente por las necesidades prácticas. La posesión de los objetos incorpora una dimensión social: queremos aquello que nos diferencia y, paradójicamente, aquello que nos permite parecernos a quienes consideramos superiores. El consumo termina funcionando como mecanismo de integración.

La advertencia escrita hace casi seis décadas resulta particularmente reflexiva en una ciudad que hoy tiene a casi a la mitad de su población endeudada.

Baudrillard lo advirtió en 1968 y, casi sesenta años después, seguimos pagando la cuenta.

Hay una diferencia enorme entre endeudarse para sobrevivir y endeudarse para pertenecer.

El primero es el endeudamiento de una familia que utiliza la tarjeta para comprar comida porque el sueldo no llegó a fin de mes. El segundo puede ser el de quien compra aquello que no necesita porque necesita demostrar que puede comprarlo.

Y probablemente ambas realidades convivan en los $242.000 millones.

El problema es que nadie puede decir cuánto representa cada una.

Ahí Baudrillard deja de ser un filósofo francés para convertirse en una herramienta para mirar a Junín.

La discusión sobre el consumo no termina en los hogares. También aparece en el modelo de ciudad que se propone desde la política.

Qué ocurre cuando el capital externo llega con capacidad de inversión, publicidad y escala muy superiores a las del comercio local

Hace unos meses, el gobierno municipal celebró el proyecto de transformar parte de la Terminal de Ómnibus en un centro comercial con alrededor de 30 locales, patio gastronómico y la llegada anunciada de marcas nacionales e internacionales, incluida una nueva sucursal de McDonald's. La presentación fue acompañada por la promesa de inversión, empleo y desarrollo.

No nos pondremos a analizar en este caso, el problema que representa la entrega del patrimonio por parte del ejecutivo juninense a un grupo empresario privado.

Sino el problema que significa que la llegada de marcas internacionales sea presentada como un símbolo de progreso en una ciudad cuyos comerciantes locales están luchando para sobrevivir y en muchos casos no lo logran.

La marca se convierte en algo más que una empresa que vende un producto. Se transforma -falsamente- en una señal de modernidad.

Como si una ciudad fuera más importante porque consigue exhibir los mismos logos que aparecen en Buenos Aires, Miami o cualquier otro centro comercial.

Y esta es la contradicción que merece ser discutida, ya que mientras el comerciante juninense afronta caída de ventas, costos crecientes, impuestos, tasas, alquileres y una economía que redujo el poder adquisitivo, las grandes cadenas cuentan con una espalda financiera que difícilmente pueda tener un negocio familiar y como si eso fuera poco, la intendencia de Pablo Petrecca y Juan Fiorini les ofrecen facilidades que no les dan a los propios comerciantes e industriales juninenses.

El debate alrededor del proyecto comercial de la Terminal ya puso sobre la mesa ese riesgo: qué ocurre cuando el capital externo llega con capacidad de inversión, publicidad y escala muy superiores a las del comercio local.

¿Cuál es en ese caso el modelo económico que se está construyendo?

Porque si para sentirse una ciudad moderna Junín necesita parecerse cada vez más a un shopping, quizá termine perdiendo aquello que la hacía una ciudad.

El dólar y la marca internacional pueden convertirse en un objeto simbólico al igual que el centro comercial mencionado como “shopping”

EL VOTO COMO OBJETO

La cuestión alcanza incluso a la política ya que durante años, buena parte de la dirigencia construyó su discurso sobre la promesa de que el futuro estaba en consumir como consumen los países desarrollados: ganar en dólares, acceder a productos importados, comprar marcas internacionales, tener aquello que antes parecía reservado para otros.

La marca se convierte en algo más que una empresa que vende un producto: se transforma -falsamente- en una señal de modernidad

La política descubrió hace tiempo que el deseo también vota y allí la advertencia de Baudrillard adquiere una dimensión todavía más profunda: si los objetos funcionan como signos de pertenencia, también pueden hacerlo las promesas políticas.

El dólar y la marca internacional pueden convertirse en un objeto simbólico al igual que el centro comercial mencionado como “shopping”, cuando no es tal.

La idea de “vivir como ellos”, también. No necesariamente importa cuánto de eso puede concretarse. Importa que la promesa active un deseo.

Y mientras tanto, una familia puede estar utilizando la tarjeta para comprar alimentos. Las dos cosas pueden ocurrir al mismo tiempo.

Por eso sería un error mirar los $242.000 millones de deuda exclusivamente desde la economía doméstica.

Para quienes pretendemos ahondar un poco más en lo que resulta la manipulación electoral y es qué hay detrás de una discusión cultural que nadie parece dispuesto a abordar. ¿Qué consume una sociedad cuando ya no puede sostener su consumo y, aun así, continúa siendo bombardeada con la idea de que consumir es progresar?

Junín tiene casi 10.000 personas en mora y más de $33.800 millones de deuda vencida y seguramente no sea casualidad que los más jóvenes sean quienes muestran la tasa de mora más elevada.

Una generación que creció con la promesa de que todo estaba al alcance de un clic puede terminar descubriendo que el crédito también es una forma de postergar el límite y que el “comprar” se convierte en la única forma de sentir que se pertenece.

Entonces, mientras el Estado municipal se enfrasca en la venta de espejitos de colores, el debate necesario sería conocer cuántos juninenses están endeudados porque no tienen para comer y cuántos porque necesitan comprar aquello que les dijeron que debían tener para sentirse parte.

Hoy no tenemos la respuesta. Pero tenemos los números suficientes para empezar a buscarla ya que tal vez el verdadero dato escondido detrás de los $242.000 millones no sea cuánto debe Junín, sino que necesitan los juninenses para sentirse parte de una sociedad que le prometió que consumir era sinónimo de progresar.

Baudrillard lo advirtió en 1968 y casi sesenta años después, seguimos pagando la cuenta.

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