viernes 18 de septiembre de 2026

LOCALES | 18 sept 2026

NOTA DE TAPA

De vuelo bajo: El negocio que nunca despegó

07:43 |Como parte del “modelo Junín” que exalta Petrecca en sus relatos, el aeródromo pasó de la promesa de ponerlo en valor y la posibilidad de entregarlo a privados, al páramo que quedó después de millones de pesos invertidos que pudieron haber sido volcados en mejoras para los barrios abandonados del distrito.


Por: Redacción Semanario de Junín

NOTA DE TAPA PUBLICADA EN LA EDICIÓN IMPRESA Y EDICIÓN DIGITAL Nº 531 DE SEMANARIO DE JUNÍN. SEMANA DEL 12 AL 18 DE SEPTIEMBRE DE 2026

Durante años, la administración de Pablo Petrecca convirtió al aeródromo Junín en una promesa recurrente. Primero fue la recuperación de una pista que llevaba años clausurada; después, la posibilidad de transformarla en una terminal para vuelos sanitarios y aeronaves de mayor porte; más tarde, aparecieron interesados privados y, con la desregulación aerocomercial del gobierno de Javier Milei y Federico Sturzenegger, el proyecto pareció encontrar una nueva oportunidad. Hubo limpieza, pintura, refacciones, anuncios de vuelos comerciales, una confitería reconstruida y casi 80 millones de pesos para un balizamiento que terminó cuestionado.

Los supuestos inversores finalmente conocieron el lugar y la realidad pudo más que los anuncios. Desistieron. Desde entonces, el Ejecutivo dejó de hablar del asunto. El aeródromo sigue allí, vacío. Y nadie explicó todavía cuánto se gastó, para qué se invirtió y qué quedó de aquella supuesta oportunidad de negocios.

Hay una particularidad que atraviesa la historia reciente del aeródromo de Junín: cada vez que hubo elecciones o alguna oportunidad política para mostrar gestión, la pista volvió a despegar… pero solamente en los discursos.

En septiembre de 2023, durante la campaña por su reelección, Pablo Petrecca volvió a anunciar que trabajaba para rehabilitar la pista ubicada sobre la Ruta Nacional 188 y Circunvalación. La fotografía oficial mostraba cooperativistas limpiando y sopleteando una infraestructura que permanecía clausurada desde 2012.

El intendente hablaba entonces de una habilitación para aeronaves de hasta 3.500 kilos y de la posibilidad de avanzar posteriormente hacia aviones de mayor porte.

El problema era que la historia no comenzaba con Petrecca, sino que los archivos municipales muestran que en 2006 ya se habían ejecutado trabajos de recuperación de la pista, señalización, balizamiento, drenajes, mejoras en la cabecera, edificio central y torre.

También se habían realizado estudios vinculados con peligro aviario, planes de evacuación y otros requerimientos de los organismos aeronáuticos.

Incluso durante la gestión de Mario Meoni se habían llevado a cabo ciertos avances ante Provincia, Nación, ANAC y otros organismos para recuperar definitivamente la pista. La clausura de 2012 había sido consecuencia del estado de la carpeta asfáltica y los expedientes para resolver el problema se acumularon durante años.

Pero la gestión Petrecca encontró en el aeródromo una nueva oportunidad electoral, es decir, “vender” un proyecto a futuro que nunca se concretaría pero serviría para engañar a los electores. Un “modelo Junín” que al hoy senador provincial le ha dado rédito durante una década.

En marzo de 2024 llegó uno de los anuncios más importantes: después de doce años, la pista había sido habilitada para aeronaves de hasta 5.700 kilos. Petrecca celebró: “Junín levanta vuelo”, dijo. Sin embargo, la propia información publicada entonces dejaba claro que la habilitación era parcial: no había balizamiento y los vuelos sólo podían realizarse durante el día.

Aquí aparece una de las primeras contradicciones que todavía no fueron aclaradas. La administración municipal sostuvo públicamente que la pista había quedado habilitada para aeronaves de hasta 5.700 kilos. Sin embargo, SEMANARIO consultó posteriormente a la ANAC y no obtuvo una confirmación oficial que respaldara en esos términos las afirmaciones del intendente.

En febrero de 2025 nuestro medio volvió a señalar que nunca se había conocido un requerimiento escrito de la ANAC que avalara las afirmaciones municipales.

La diferencia no es menor ya que una cosa es que una autoridad aeronáutica inspeccione una pista y se levante una clausura bajo determinadas condiciones. Otra muy distinta es utilizar ese hecho para presentar ante la opinión pública la infraestructura como preparada para una operación aerocomercial que requiere mucho más que una pista limpia y pintada.

Como pasa con el periodismo y la dirigencia local, nadie pide explicaciones al petrequismo y aunque las pidan no las brindan

MILEI Y LOS CIELOS ABIERTOS

En julio de 2024, el Gobierno nacional lanzó su paquete de desregulación aerocomercial. El decreto 599/2024 habilitó el ingreso de nuevos operadores, redujo requisitos para el otorgamiento de rutas y desreguló distintos servicios vinculados con la actividad. El propio Gobierno presentó la reforma como una oportunidad para que ciudades intermedias del interior pudieran acceder a mayor conectividad aérea.

La noticia cayó en Junín como una lluvia después de la sequía y si hasta entonces el aeródromo era presentado como una infraestructura a recuperar, de repente podía convertirse en una oportunidad para el desembarco de empresas privadas, algo que es una marca en este Ejecutivo municipal que viene demostrando que no está capacitado para administrar nada y entonces los entrega a grupos allegados, mediante licitaciones realizadas a pedir de boca.

Juan Fiorini, por entonces presidente del Concejo Deliberante y cuñado de Petrecca, salió rápidamente a respaldar la posibilidad de nuevos vuelos comerciales. Desde el municipio se hablaba de empresas interesadas y de la posibilidad de que Junín ingresara en nuevos corredores aéreos.

Incluso apareció Humming Airways, una empresa constituida de la noche a la mañana, ligada al PRO y que anunció rutas que incluían Junín, Tandil, Olavarría y Venado Tuerto, con base prevista en Aeroparque.

SEMANARIO advirtió entonces que se trataba de un emprendimiento sin antecedentes operativos y con una estructura empresarial muy pequeña para las pretensiones anunciadas. La historia, finalmente, tampoco prosperó.

Pero mientras el discurso oficial hablaba de cielos abiertos, inversiones y nuevos vuelos, detrás de escena el aeródromo parecía formar parte de una discusión más amplia: qué hacer con un patrimonio municipal ubicado en un lugar estratégico y con potencial para ser explotado por privados.

En mayo de 2025, SEMANARIO publicó que el municipio negociaba con privados en torno al aeródromo y al autódromo, con la intención de tentar a una empresa con negocios en la Ciudad de Buenos Aires y vinculada, según aquella investigación, al entorno empresario del macrismo.

La misma nota señalaba que la refacción de la confitería formaba parte de las acciones destinadas a mostrar una infraestructura renovada. La secuencia resulta reveladora: primero se limpia y pinta la pista; después se anuncia la habilitación; luego aparece la posibilidad de vuelos comerciales; con la desregulación nacional se acelera el entusiasmo; surgen interesados privados y, finalmente, se acondicionan sectores del predio. Todo ello con plata de los juninenses que, seguramente, debiera haber ido a otro tipo de obras de mayor cercanía con los vecinos.

Pero había un problema todavía mayor y era que el aeródromo real no se parecía demasiado al aeródromo de los anuncios y tampoco la gestión estaba abocada a una sustancial mejora.

Por eso mismo, mientras Pergamino destinaba recursos a la recuperación de su pista, en Junín se decidió invertir en otra cosa absolutamente banal: la confitería abandonada.

Cada vez que hubo elecciones o alguna oportunidad política para mostrar gestión, la pista volvió a despegar… pero solamente en los discursos

En febrero de 2025 SEMANARIO reveló que el municipio había dispuesto una inversión de alrededor de 16 millones de pesos (unos 25 millones actuales) para refaccionar la confitería del aeródromo, pese a que la pista seguía sin condiciones operativas comparables con las de otros aeródromos de la región.

Entonces, Pergamino avanzaba con una obra concreta sobre su pista y Junín gastaba millones en un edificio destinado a una actividad que no tenía detrás un flujo de pasajeros ni operaciones comerciales que justificaran semejante prioridad. De hecho, hoy sigue sin funcionar a pesar de la fuerte inversión.

¿Para quién se estaba preparando el aeródromo? La respuesta comenzó a insinuarse con la posibilidad de una explotación privada. Y mientras se discutía el futuro del predio, el municipio seguía utilizando recursos públicos para ponerlo en condiciones de ser presentado ante eventuales interesados.

El caso del balizamiento es todavía más sorprendente. A fines de 2025, Petrecca anunció que la obra estaba terminada y que las luces permitirían operar durante las 24 horas. La obra había sido adjudicada a Balizar SRL por $79.286.726, siendo la única empresa oferente, con participación de fondos municipales y un subsidio provincial.

La puesta en escena fue contundente: video nocturno, luces encendidas, dron y el mensaje político de que finalmente Junín tendría un aeródromo operativo las 24 horas. Pero cuando llegó la luz del día, nos agarramos la cabeza.

SEMANARIO recorrió el lugar y documentó conexiones precarias, zanjas con agua, escombros y distintos aspectos de una instalación que, según fuentes vinculadas a la actividad aeronáutica consultadas por este medio, presentaba deficiencias que impedían considerarla una infraestructura terminada y operativa en los términos anunciados. También se cuestionó la ausencia de sensores de aproximación y de un grupo electrógeno contemplados en el presupuesto.

El costo: casi 80 millones de pesos que fueron lanzados al aire sin control.

Como también pasó con la entrega a un privado de la nueva terminal de ómnibus para que concrete su negocio en desmedro del habitante de Junín, el problema del aeródromo nunca fue aeronáutico, sino administrativo.

Se habían utilizado recursos de los contribuyentes para preparar una infraestructura que el municipio presentaba como estratégica. Se había reparado una confitería. Se había limpiado y pintado la pista. Se había instalado un sistema de balizamiento. Se habían hecho anuncios sobre vuelos comerciales. Pero los aviones no llegaron y los inversores tampoco.

Según la información reunida por SEMANARIO, durante 2025 quienes aparecían interesados en el desarrollo privado del predio terminaron visitando el lugar y se encontraron con una realidad bastante diferente de la que habían sugerido los anuncios. Después de conocer las condiciones concretas de la infraestructura, la operación no avanzó.

Y ahí ocurrió algo conocido en la política local: cuando la promesa dejó de ser útil y sin elecciones a la vista, desapareció del discurso. En este caso no hubo fotos ni videos para anunciar el fracaso, tampoco explicaciones sobre los recursos invertidos. No hubo balance, ni responsables. Simplemente se dejó de hablar ¿tal vez a la espera de la campaña del año próximo?

El aeródromo volvió a ser un paisaje y un enorme páramo municipal con una pista, una confitería arreglada, luces cuestionadas y millones de pesos detrás.

El aeródromo volvió a ser un paisaje y un enorme páramo municipal con una pista, una confitería arreglada, luces cuestionadas y millones de pesos detrás

OTRO NEGOCIO SILENCIADO

Pero hay otro capítulo que completa el cuadro y es que el aeródromo está acompañado por una importante superficie de tierras productivas. Unas 130 hectáreas que, en lugar de convertirse en una fuente significativa de recursos para sostener la infraestructura aeronáutica, fueron concesionadas para explotación agrícola.

En noviembre de 2024, mediante el decreto 2554, el Ejecutivo adjudicó la concesión de la fracción de tierra destinada a explotación agrícola por 728,098 quintales de soja anuales. SEMANARIO calculó entonces que, tomando las aproximadamente 130 hectáreas, el canon equivalía a unos 5,6 quintales por hectárea.

La comparación con valores de arrendamiento de campos de similares características permitía advertir una diferencia significativa.

Es decir: mientras el municipio gastaba millones para poner en condiciones el aeródromo, una superficie productiva anexada al mismo predio generaba recursos que, según la investigación publicada por este medio, estaban muy por debajo de los valores de mercado.

Entonces, si el aeródromo necesitaba dinero para mantenerse, ¿por qué no se utilizó esa renta para sostenerlo? Si la pista era estratégica para Junín, ¿por qué se permitió que continuara deteriorándose?

Y si el objetivo final era convertirla en una infraestructura atractiva para inversores privados, ¿por qué el Estado municipal debía asumir los costos de ponerla presentable mientras el privado sólo debía aparecer cuando el escenario estuviera preparado?

Como pasa con el periodismo y la dirigencia local, nadie pide explicaciones al petrequismo y aunque las pidan no las brindan.

El problema no es que un municipio busque inversores privados si el negocio es un gana-gana. Tampoco que una infraestructura pública pueda ser administrada mediante algún mecanismo de concesión. El problema aparece cuando el Estado paga la puesta en valor, asume los riesgos, entrega recursos, prepara el escenario y después espera que el privado llegue para quedarse con la parte rentable del negocio. La nueva terminal convertida en paseo comercial es un claro ejemplo.

Y si el privado finalmente no llega, como con el aeródromo, queda el Estado con la factura, que en realidad pagamos todos los juninenses.

La historia comenzó con una pista abandonada que había que recuperar. Continuó con anuncios electorales. Siguió con una habilitación parcial, la llegada de los cielos abiertos, empresas interesadas, conversaciones con privados, una confitería remodelada, un balizamiento millonario y promesas de vuelos durante las 24 horas.

Podemos resumir la situación en un par de líneas diciendo que el aeródromo Junín no despegó pero la plata de los contribuyentes sí que voló

Terminó con los inversores mirando de cerca aquello que las fotografías oficiales no mostraban. Y después el silencio, mientras el aeródromo sigue allí, con la pista esperando aviones aunque sin la seguridad debida. Eso sí, con una confitería restaurada que nadie atiende.

Las luces, con la falta de una habilitación efectiva que permita saber para qué fueron colocadas.

Las 130 hectáreas continúan produciendo.

Podemos resumir la situación en un par de líneas diciendo que el aeródromo Junín no despegó pero la plata de los contribuyentes sí que voló.

AERÓDROMO JUNÍN: 20 AÑOS DE PROMESAS

2006 — Primeras obras de recuperación.

Durante la gestión de Mario Meoni se realizan trabajos sobre la pista y distintas instalaciones del aeródromo. Se intervienen sectores de la carpeta asfáltica, señalización, balizamiento, drenajes, edificio central y torre, además de estudios vinculados con la seguridad operacional.

2012 — La pista queda clausurada

El deterioro de la carpeta asfáltica obliga a suspender las operaciones. Comienza un largo período en el que el aeródromo permanece prácticamente fuera de servicio. 2015-2022 — Años de promesas y escasa actividad Durante buena parte de las dos primeras gestiones de Pablo Petrecca, la recuperación integral del aeródromo no aparece entre las prioridades visibles de la administración.

2023 — El aeródromo vuelve a la campaña

Con las elecciones municipales en el horizonte, el Gobierno de Petrecca retoma la puesta en valor de la pista. Se realizan tareas de limpieza, pintura y acondicionamiento y el intendente presenta la recuperación como un logro de gestión.

2024 — La pista vuelve a operar

Se anuncia la habilitación para aeronaves de mayor porte, aunque con restricciones y sin operación nocturna. Paralelamente, la desregulación aerocomercial impulsada por el Gobierno de Javier Milei abre expectativas sobre posibles vuelos comerciales desde Junín.

2024 — Aparecen los privados

El municipio comienza a explorar alternativas para incorporar operadores privados y transformar el aeródromo en una infraestructura con actividad comercial. También se suceden anuncios sobre empresas interesadas en operar desde Junín.

2025 — Millones para ponerlo en condiciones

Mientras la actividad aérea comercial nunca termina de concretarse, el municipio invierte en la refacción de la confitería y avanza con un sistema de balizamiento cuyo costo ronda los $80 millones. Los inversores conocen la realidad Los privados que habían mostrado interés visitan finalmente las instalaciones. Después de observar las condiciones concretas del aeródromo, la operación no prospera. El proyecto de explotación privada desaparece del discurso oficial.

2025/2026 — Las luces se encienden, pero los aviones no llegan

El municipio anuncia terminado el balizamiento y presenta la obra como un nuevo salto para el aeródromo. Persisten cuestionamientos sobre su puesta en funcionamiento y sobre las condiciones efectivas de la infraestructura.

2026 — El páramo sigue ahí

Después de años de anuncios e inversiones públicas, Junín continúa sin vuelos comerciales regulares. El aeródromo permanece prácticamente sin actividad y nadie explica de manera integral cuánto se gastó, qué se consiguió y quién asumió la responsabilidad por el fracaso.

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