Por: Redacción Semanario de Junín
EDITORIAL PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA Y EDICIÓN DIGITAL Nº 533 DE SEMANARIO DE JUNÍN. SEMANA DEL 26 DE SEPTIEMBRE AL 2 DE OCTUBRE DE 2026
La idea de comparar al administrador de un barrio cerrado con el intendente de un distrito como el de Junín nos parece muy acorde para entender de qué manera se ha desviado el concepto de gobernar por parte de los políticos de turno, quienes en estos más de 40 años de democracia terminaron convirtiéndose en una suerte de privilegiados, pasando de servidores a servidos por la comunidad.
Pongamos de ejemplo que si contratamos a un administrador para un barrio cerrado, en principio debemos conocer sus habilidades para el cargo, su experiencia y sus valores, los cuales debería transmitir a través de su trayectoria y referencias.
Hoy, en cambio, los políticos se candidatean a través de las redes sociales, impulsados por contactos con líderes provinciales o nacionales, terminando por ser muy distintos a lo que prometieron en campaña.
Ahora tomemos por caso lo que pasó en Junín respecto a la concesión otorgada por la comuna a una empresa privada para controlar la terminal de ómnibus y el complejo polideportivo. Ello equivale a que el encargado de un barrio privado le entregue el mantenimiento de las piscinas y las canchas de tenis a una empresa, y que esta permita el ingreso de invitados ajenos a cambio de una cuota mensual.
Veamos que tampoco resulta ético que el administrador se la pase sacándose fotos con el jardinero después de podar los ligustros, que se lo vea en las redes sociales cortando cintas tras plantar un nuevo árbol, o que grabe a los vecinos agradeciéndole por haber cambiado el cuerito de una canilla comunitaria, cuando simplemente era su obligación.
Se sobreentiende que un intendente fue elegido para asumir una gran responsabilidad porque decidió postularse al puesto, y que eso no significa vivir mejor que sus vecinos, sino garantizarles a éstos la mejor calidad de vida posible y solucionar sus problemas rodeándose de funcionarios capacitados para las distintas áreas.
Partiendo de este sencillo ejemplo -y dejando de lado la cantidad de sinrazones que vemos a diario en esta gestión- nos cuesta entender por qué tenemos un doble comando de gobierno, lo cual queda en evidencia cuando Pablo Petrecca pide licencia, deja a su cuñado Juan Fiorini en el cargo, y sin embargo sigue usando el auto municipal y participa activamente de decisiones del Ejecutivo, aun perteneciendo a otro poder del Estado (el legislativo), cuando todos sabemos que ambos poderes no deben cruzarse.
Si seguimos con la analogía, llama la atención el rol del Concejo Deliberante (con “C”), que en defensa de los vecinos debería ponerle los puntos al administrador, señalar las necesidades insatisfechas y frenar maniobras que perjudiquen a la comunidad. Tal como lo haría un consejo de administración en un barrio privado.
Por eso es necesario entender que este “barrio cerrado” llamado Junín tiene un administrador cuya obligación es velar por el bien común, y que existen mecanismos para interpelarlo cuando abusa de su poder a través de los concejales.
Comprenderlo seguramente nos permitiría un desarrollo más equitativo y un verdadero sentido de pertenencia, basado en el respeto hacia un legado que los malos administradores están devastando.
