domingo 11 de octubre de 2026

SEMANAGRO | 11 oct 2026

SEMANAGRO

Más allá del rinde: cómo las empresas B redefinen el ADN del agronegocio

07:58 |Un cambio de paradigma económico impulsa a las firmas del agro a certificar bajo estándares de triple impacto. Qué son, cómo funcionan y de qué manera transforman la producción rural, la ganadería y los servicios en la Argentina.


Por: Redacción Semanario de Junín

SECCIÓN SEMANAGRO PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA Y EDICIÓN DIGITAL Nº 535 DE SEMANARIO DE JUNÍN. SEMANA DEL 10 AL 16 DE OCTUBRE DE 2026

El modelo tradicional de negocios que prioriza la rentabilidad financiera a cualquier costo cruje frente a las demandas globales de sostenibilidad y transparencia.

El sector agro está cuestionado por una matriz productiva poco amigable con el ambiente y allí es donde se produce parte de ese ruido.

En ese escenario de transición cultural, las denominadas Empresas B —o B Corps— ganan terreno como un sector ineludible de transformación.

Lejos de tratarse de una simple moda filantrópica o de un nicho aislado, este movimiento propone un cambio estructural que redefine el éxito empresarial a partir del concepto de triple impacto: generar valor económico, social y ambiental de manera simultánea en cada eslabón de la cadena productiva.

Validado internacionalmente por la organización sin fines de lucro B Lab y dinamizado en el país por Sistema B, este sistema exige cumplir requisitos rigurosos para formar parte de su comunidad. Para obtener la certificación, las compañías deben alcanzar un mínimo de 80 puntos en la Evaluación de Impacto B —un examen exhaustivo que analiza la gobernanza, las prácticas con los trabajadores, la relación con los clientes, el vínculo con la comunidad y la gestión ambiental— y, fundamentalmente, realizar una modificación estatutaria.

Esto último representa el compromiso legal de proteger el propósito socioambiental a largo plazo, obligando a los directorios a rendir cuentas no solo ante los accionistas, sino ante todas las partes interesadas.

Con un crecimiento exponencial que supera las 10.000 firmas en todo el mundo, la Argentina se consolidó como uno de los polos más dinámicos de la región, albergando a más de 260 compañías certificadas que generan decenas de miles de empleos formales en cerca de treinta industrias diferentes.

El sector agro está cuestionado por una matriz productiva poco amigable con el ambiente y allí es donde se produce parte de ese ruido

REGLAS DEL JUEGO

El corazón del sistema B reside en su rigurosidad metodológica y en la exigencia de un cambio jurídico que blinde la misión de la empresa en el tiempo. No basta con tener buenas intenciones o realizar acciones aisladas de responsabilidad social corporativa; la certificación exige demostrar con evidencias que el impacto positivo está integrado en el núcleo del modelo de negocio. La Evaluación de Impacto B opera como una herramienta de gestión versátil que se adapta a las particularidades de cada industria, tamaño y mercado, permitiendo a las organizaciones medir su desempeño con parámetros internacionales sumamente estrictos.

Para dar el salto definitivo, la organización debe superar la barrera de los 80 puntos y, por sobre todas las cosas, reformar sus estatutos constitutivos. Este cambio legal es el que diferencia a una Empresa B de una compañía convencional con políticas verdes.

Al modificar el estatuto, la empresa se compromete formalmente ante la ley a considerar el bienestar de los trabajadores, la comunidad y el medio ambiente con el mismo peso con el que tradicionalmente se pondera el retorno financiero para el accionista. De este modo, si cambia la composición accionaria o la dirección de la firma, el propósito de triple impacto permanece jurídicamente protegido. En un contexto global donde el consumidor y los mercados exigen pruebas fehacientes de sustentabilidad, este blindaje legal otorga una credibilidad institucional inigualable, transformando la transparencia en un activo estratégico de competitividad y diferenciación comercial.

DEL ESCRITORIO AL LOTE

Dentro del entramado productivo nacional, el sector agropecuario ocupa un lugar estelar en la adopción de este nuevo paradigma económico. Lejos de percibir la conservación ambiental como un obstáculo para la productividad, numerosas empresas vinculadas al campo nacional integran la comunidad B demostrando que la eficiencia y la regeneración de los recursos naturales caminan de la mano en pos de una agricultura moderna y resiliente.

El abanico de casos locales es sumamente diverso y alcanza de lleno a los principales eslabones de la bioeconomía.

En el terreno de los insumos y la nutrición vegetal, firmas como Agro- Sustentable desarrollan y comercializan bioinsumos certificados orientados a reducir de manera drástica la carga química en los cultivos extensivos e intensivos, mientras que Summabio diseña bioestimulantes basados en microorganismos benéficos para revitalizar la salud microbiológica de los suelos degradados.

Por su parte, el segmento de la producción primaria y los servicios forestales también muestra referentes claros, tales como Vivero San Nicolás —que implementa estrictos procesos de economía circular y reducción de insumos peligrosos en la generación masiva de plantines hortícolas— u Optimizar Forestal, una empresa especializada en la prestación de servicios vinculados a la captura de carbono, la gestión eficiente de la huella hídrica y la remediación integral de ambientes afectados por la actividad antrópica.

El corazón del sistema B reside en su rigurosidad metodológica y en la exigencia de un cambio jurídico que blinde la misión de la empresa en el tiempo

INNOVACION Y TRAZABILIDAD

La ganadería, una de las actividades con mayor arraigo histórico en el territorio argentino, atraviesa una profunda renovación conceptual a través de estas herramientas de gestión orientadas al impacto. Empresas como Ovis 21 promueven con fuerza la ganadería regenerativa orientada a recomponer los pastizales naturales, optimizar la carga animal y potenciar la captura atmosférica de carbono, mientras que cabañas de la talla de Genética del Este —enfocadas en la cría de razas de alta calidad como Angus y Murray Grey— alcanzaron certificaciones internacionales específicas como GRASS y participan activamente en iniciativas de conservación de gran valor ecológico como la Alianza del Pastizal.

A este ecosistema de innovación se suman propuestas disruptivas como Ruuts, que articula incentivos de mercado atados a métricas ecológicas cuantificables para acelerar la transición sistémica del agro hacia modelos de producción totalmente regenerativos, y actores industriales de peso como Crecer Alimentos Balanceados, enfocados en el aprovechamiento prioritario de subproductos de la agroindustria regional bajo una visión integral de la nutrición animal.

En definitiva, las Empresas B proponen un cambio cultural profundo donde la transparencia informativa, la medición constante del impacto y la comunicación con propósito dejan de ser opcionales para convertirse en ventajas competitivas elementales. Para el productor y el empresario agropecuario, certificar no significa bajo ningún punto de vista asumir una perfección inalcanzable, sino asumir un compromiso formal con la senda de la mejora continua.

En un mercado internacional que demanda cada vez más alimentos y materias primas con rigurosas garantías socioambientales, el modelo B demuestra con hechos concretos que hacer buenos negocios y cuidar al mismo tiempo el capital natural del país es un camino tan posible como absolutamente necesario para el futuro de la agroindustria.

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