Las rutas nacionales de acceso a Junín se encuentran hoy en el centro de una profunda contradicción que expone las verdaderas prioridades de la empresa concesionaria y del Gobierno nacional. Mientras se aceleran a paso firme los trabajos de modernización tecnológica en las cabinas de peaje para implementar el sistema de pase automático, las urgentes y postergadas obras de infraestructura vial, bacheo y seguridad en las calzadas continúan bajo un absoluto y preocupante silencio.
Las tareas actuales apuntan exclusivamente a optimizar los mecanismos de cobro. En la estación de Saforcada, sobre la Ruta Nacional 7, el movimiento de operarios y maquinarias es visible, al punto de haberse habilitado el pase libre provisorio hasta que finalicen las reformas. El nuevo esquema promete agilizar el tránsito mediante cámaras que identificarán a los vehículos en movimiento para su posterior facturación, eliminando las tradicionales barreras y filas. Sin embargo, detrás de esta fachada de modernidad y agilidad, se esconde una realidad vial alarmante: los usuarios pronto tendrán más puntos de pago a lo largo del corredor, pero las mismas rutas deterioradas de siempre.
El malestar de los conductores y vecinos de la región radica en la evidente asimetría de la inversión. La celeridad para montar pórticos de lectura de patentes y sistemas inteligentes de recaudación contrasta de manera directa con el abandono de la calzada. Al día de hoy, no existen anuncios ni movimientos que indiquen el inicio de las tan esperadas obras de mejoramiento de asfalto, repavimentación de sectores críticos, bacheo profundo, demarcación con pintura reflectiva, colocación de cartelería de señales ni renovación de luminarias.
Esta actitud de la concesionaria, avalada por las disposiciones de modernización del Estado, instala un fuerte cuestionamiento sobre la responsabilidad social y civil de quienes explotan el corredor.
Al priorizar de forma tan explícita la eficiencia en la recaudación por sobre la seguridad vial, se relega la integridad física de miles de automovilistas que transitan diariamente por accesos que, en muchos tramos, representan un verdadero peligro debido a las deformaciones del suelo y la falta de visibilidad nocturna. La tecnología llega para asegurar que nadie pase sin pagar, pero la infraestructura básica para garantizar un viaje seguro sigue brillando por su ausencia.