Por: Redacción Semanario
Mucho se habla del alfajor incluso —o especialmente— en tiempos de crisis. En términos generales, y de acuerdo con el último Índice de Ventas Minoristas Pyme de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), las ventas de los comercios minoristas tradicionales cayeron un 3,8% interanual en julio y registraron una baja del 2,1% frente a junio. Si se pone la lupa sobre los comestibles, el panorama tampoco mejora: Alimentos y Bebidas retrocedió un 5,4% interanual. En ese escenario, las golosinas sufren el impacto directo de hogares obligados a establecer prioridades cada vez más estrictas a la hora de gastar.
Pero siempre hay un “pero”. Los alfajores parecen desafiar, al menos parcialmente, esa tendencia. En lo que va del año aparecieron alrededor de 30 nuevas marcas, llevando al mercado por encima del centenar de etiquetas activas y consolidando al producto como uno de los segmentos de mayor crecimiento. De acuerdo con datos de NielsenIQ publicados en julio, los alfajores son el segundo rubro de mayor expansión dentro de la categoría chocolates, con un crecimiento del 10% en el mix del segmento. También es importante que, según consultoras privadas y empresas del sector, sugieren que se consumen entre 10 y 12 millones de alfajores por día en todo el territorio nacional.

El principal motor de su resistencia no se debe a un consumo suntuario o de simple placer, sino a un drástico cambio de hábitos alimentarios. Según datos de la UCA (Universidad Católica Argentina) reflejados en informes del sector, ante la pérdida del poder adquisitivo y el aumento de la canasta básica, muchos trabajadores optan por un alfajor económico como sustituto del almuerzo o la cena. Al combinarlo con una gaseosa o agua, representa un "desembolso bajo" y rápido para saciar el hambre al paso por una fracción de lo que cuesta un menú ejecutivo o un plato cocinado.
El principal motor del alfajor no se debe al simple placer, sino a un drástico cambio de hábitos alimentarios en los argentinos
Gana el segmento medio y económico: De acuerdo con la consultora Scentia, el segmento de precios medios y bajos (con marcas insignia de alta rotación como Guaymallén, Jorgito, Rasta o Fantoche) sostiene el volumen comercializado. El segmento premium, en cambio, muestra notoria caída.
Sin crecimiento en términos reales: Aunque en los kioscos se despacharon más de 215 millones de unidades anuales solo en ese canal, la facturación general de la categoría (con un alza nominal en torno al 5,4%) corre por debajo de la inflación, lo que significa que el negocio no crece en términos reales de ganancias.
Crisis estructural de comercios: El alfajor es el producto "estrella" que mantiene vivas las cajas de los comercios barriales. Sin embargo, la resistencia de este producto individual no logra frenar la crisis de los puntos de venta: la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA) advierte que decenas de miles de kioscos se vieron obligados a cerrar en los últimos años debido a la caída generalizada de otros rubros complementarios.
Fábricas en riesgo: La fuerte competencia en precios también genera disparidades en la industria. Mientras las grandes marcas masivas sobreviven por volumen, algunas fábricas históricas orientadas a segmentos específicos debieron presentarse en concurso preventivo de acreedores debido al incremento de costos operativos y menores márgenes comerciales.
Pese a la crisis de consumo, aparecieron entre 30 y 40 nuevas marcas de alfajores que buscan su lugar entre los paladares nacionales
A pesar del panorama complejo, la categoría muestra una enorme dinámica de lanzamientos. En lo que va del año han aparecido más de 30 nuevas marcas y 40 variedades en los escaparates. Las empresas y pequeños emprendedores se vuelcan masivamente a este dulce buscando un refugio de rentabilidad rápida, impulsados además por fenómenos culturales y eventos masivos como el Mundial del Alfajor
Este evento reunió a cerca de 50 mil personas en Costa Salguero y dejó una radiografía de un mercado que crece incluso con el consumo en caída: sabores insólitos, productos agotados, pequeños productores e historias que recuperan la identidad de cada región.

La quinta edición consagró a un catamarqueño como el mejor entre 420 propuestas de todo el mundo, pero permitió observar el fenómeno desde otro lugar. La competencia no tuvo a los grandes tanques y clásicos que dominan las góndolas y los kioscos del país. Fantoche fue una de las pocas excepciones, con sus productos tradicionales, una nueva creación todavía no lanzada al mercado bajo el nombre “Origen del Alfajor Argentino” y el viral “Pescado Rabioso”, desarrollado junto a Joaquín Levinton, líder de Turf. El resto del predio estuvo dominado principalmente por pequeñas PyMEs, emprendimientos familiares y productores artesanales con una distribución mucho más acotada.
En el predio se pudieron ver alfajores artesanales de entre 3.000 y 7.000 pesos por unidad que convivieron con una imagen bastante llamativa para el contexto económico: puestos con carteles de “Sold Out”, “Todo agotado” y “Millones de gracias”.
El Mundial tuvo lo suyo: sabores únicos, emprendimientos históricos, alfajores que empalagan con solo mirarlos y degustaciones de todo tipo. Alfajores de queso ahumado, miel y queso azul a alfajores de yerba mate; otros sin trigo, avena, cebada y centeno (Sin TACC), destinados a celíacos y personas sensibles al gluten. También mezclas que hace algunos años hubieran parecido una provocación: limón y gin, naranja y Aperol o fernet, entre tantas otras. Hasta el matcha encontró su lugar. El hipnótico té verde japonés en polvo, de sabor intenso y terroso, ya conquistó cafeterías de especialidad y decenas de bebidas frías alrededor del mundo; ahora también parece dispuesto a hacerse un espacio dentro de una de las golosinas más argentinas y populares.
Pero siguiendo con el costado más nacional del sabor, quizá una de las historias más interesantes de la exposición —no solamente por lo que se come, sino por todo lo que existe detrás— apareció en Morán Regionales, un emprendimiento oriundo de Santa María, en los Valles Calchaquíes de Catamarca. Su alfajor combina dulce de leche artesanal con unas tapas bastante particulares: están elaboradas con maíz capia, una variedad ancestral característica de esa región del norte argentino.
Bajo el nombre “Héroes de la Patria”, sus envoltorios llevaban los rostros de Manuel Belgrano y José de San Martín, mientras que una tercera variedad mostraba el mapa de las Islas Malvinas. En tiempos en los que mucho se discute sobre la identidad y los valores del país —tanto dentro como fuera de sus fronteras—, la propuesta busca recuperar esos símbolos desde un lugar inesperado: un alfajor.
Y detrás de la sencillez del producto —coberturas blancas o negras y relleno de dulce de leche artesanal— existe además un componente solidario. Según explicaron desde el emprendimiento, parte de lo recaudado mediante la venta de unidades y cajas de seis y doce alfajores permitió acompañar al menos 16 proyectos: desde donaciones de maquinaria a escuelas técnicas de Tandil hasta acciones junto a la Comisión de Familiares de Caídos en las Islas Malvinas y aportes destinados al Museo Malvinas y a la futura sala “Héroes de la Patria”.
No quedan demasiadas dudas de que el alfajor interpela alguna fibra particularmente golosa de los argentinos y que, cuando detrás existe una historia, una elaboración artesanal o un sabor difícil de encontrar, hay consumidores dispuestos a pagar por la experiencia. Quizás también exista allí una explicación mucho más cotidiana: en tiempos en los que hay que elegir cada gasto, darse un gusto pequeño todavía puede funcionar como un lujo posible. Y si además sirve para engañar un poco al estómago, mejor que valga cada mordida.