Por: Redacción Semanario de Junín
Junín tiene lagunas, espacios verdes, infraestructura comercial, gastronomía, una ubicación estratégica en el noroeste bonaerense y una agenda de espectáculos que, durante algunos fines de semana, consigue convocar a miles de personas. Sin embargo, todavía tropieza con una dificultad elemental: lograr que quienes llegan encuentren motivos suficientes para quedarse.
El informe correspondiente a septiembre del Observatorio Turístico Municipal padece algo similar a años anteriores, incluso mejora poco respecto a cuando la laguna estaba seca.
Los alojamientos registraron una ocupación promedio del 55,48%, un porcentaje que a primera vista podría alimentar un balance satisfactorio. Pero la lectura cambia cuando se observa quiénes llegaron, por qué lo hicieron y cuánto tiempo permanecieron en la ciudad.
Según el relevamiento, el 32,3% de los visitantes consultados señaló al turismo como motivo de su viaje. El trabajo explicó el 19,4%; las visitas a familiares o amigos y los viajes de paso representaron el 12,9% cada uno. Los eventos concentraron el 9,7%, mientras que las compras, la pesca y las actividades deportivas completaron el resto de las motivaciones declaradas.
Hay un claro problema de gestión manifiesto cuando se compara con otros distritos similares, incluso sin tantas ventajas naturales como el nuestro.
El 47,6% de los visitantes relevados no pasó la noche en Junín y la estadía promedio fue de 1,54 noches. Dicho de otro modo, una parte considerable del movimiento de personas no se tradujo en pernoctaciones ni en una permanencia prolongada.
La estadística obliga, una vez más. a revisar una idea que suele instalarse con facilidad en los balances oficiales que sólo buscan favorecer algunos nichos cercanos de sus amigos y es que una ciudad con muchos eventos es, necesariamente, una ciudad que desarrolla el turismo, olvidándose de la fortaleza que tienen la pesca deportiva, el senderismo, el campamentismo y el deporte náutico.
Septiembre ofreció una programación importante. Hubo espectáculos musicales, propuestas culturales, encuentros deportivos y celebraciones populares. Por la ciudad pasaron artistas de convocatoria nacional y se realizaron actividades como la Fiesta del Peón Rural, el TC2000, el Encuentro Renault País y la Fiesta de la Primavera.
Todo eso genera movimiento. Los restaurantes reciben público, los comercios pueden vender más, los proveedores trabajan y los organizadores contratan servicios, pero la cuestión es determinar cuánto de ese movimiento se transforma en una actividad turística sostenida y cuánto se agota cuando termina el espectáculo.
Hay actividades que pueden llenar un predio durante unas horas y dejar una imagen multitudinaria. Pero si la mayoría del público regresa a su lugar de origen esa misma noche, el beneficio para los alojamientos, la gastronomía y otros servicios será distinto del que produciría una visita de dos o tres días. No es lo mismo convocar público que construir un destino.
La diferencia importa porque organizar acontecimientos no equivale a desarrollar una política turística. Lo primero puede formar parte de lo segundo, pero necesita una estrategia que conecte las actividades con otros atractivos, servicios y propuestas capaces de prolongar la estadía.
¿Dónde está esa estrategia para Junín? ¿Qué productos turísticos se pretende consolidar, a qué públicos se busca atraer y qué acciones se diseñan para que quienes llegan por un evento conozcan otros lugares y regresen? Son preguntas que desde SEMANARIO nos hacemos hace años y que la gestión municipal debería poder responder con objetivos, programas y resultados verificables, algo hasta ahora inexistente.
La ciudad cuenta con recursos que podrían articularse de una manera más ambiciosa. El Parque Natural Laguna de Gómez, por ejemplo, no debería quedar reducido a la promoción estacional de un espacio recreativo. Su aprovechamiento requiere planificación, infraestructura adecuada, servicios, cuidado ambiental y una oferta capaz de sostenerse más allá de los días de buen tiempo.
La pesca, las actividades náuticas, el paisaje, la gastronomía y las propuestas vinculadas con la naturaleza pueden complementarse, siempre que exista un proyecto que las integre y respete las condiciones del lugar.
También hay posibilidades en el patrimonio urbano, la historia local, la cultura, los circuitos rurales y la oferta gastronómica. Se trata de reconocer qué tiene Junín, qué puede ofrecer de manera competitiva y qué inversiones o acuerdos hacen falta para convertir esos recursos en productos concretos.
Algo que el equipo que lidera desde hace 10 años Luis Bortolato no ha conseguido, mostrando un gasto sideral e inútil en promociones, sin resultados favorables que permitan el desarrollo de oportunidades económicas que favorecerían al conjunto de l os vecinos.
Tal vez sea hora de cambios radicales aportando verdadera profesionalización sobre un área en la que el petrequismo viene fracasando desde el primer día.