El abandono estatal primero y la falta de inversión vial de la nueva concesionaria de la Autovía y Ruta Nacional 7 ahora, han alcanzado un punto crítico, transformando a uno de los corredores productivos más importantes del país en un verdadero peligro diario para miles de conductores. No solo quedó postergado el sueño de la autopista completa Luján-Junín tras la implementación de la Resolución 112/2026 de Vialidad Nacional, sino que ahora, ni siquiera se ven avances en corte de yuyos, demarcación de calzada y reparación de pozos y ondulaciones.

Cabe recordar que mediante esa normativa, el Gobierno modificó el esquema de gestión hacia la Red Federal de Concesiones, una decisión política que limita los trabajos estrictamente al mantenimiento de rutina y conservación asfáltica básica, eliminando de forma permanente los planes para sumar nuevos carriles o concluir las grandes obras de ampliación.
A nivel local, el impacto de esta desinversión se siente con fuerza en el tramo que une Junín con Chacabuco. Alcanza con recorrer el tramo para constatar el avance alarmante del deterioro de la calzada, caracterizado por baches profundos, deformaciones severas en el asfalto, una deficiente iluminación, el crecimiento de pastizales en banquinas y cantero divisor de calzadas, y la falta total de señalización.
A pesar de que Vialidad Nacional reconoce la urgencia de las reparaciones, los plazos continúan demorados y las promesas carecen de fechas concretas de ejecución. Para colmo, el nuevo esquema de concesión, denominado "Tramo Mediterráneo", sumará cuatro cabinas de peaje adicionales en zonas como Tres Sargentos y Chacabuco, obligando a los automovilistas a pagar tarifas más altas por un servicio que solo ofrecerá bacheo básico.