domingo 1 de noviembre de 2026

NACIONALES | 30 oct 2026

MIRADA

Los desafíos del periodismo para informar en los tiempos de la IA

El gran reto del periodismo ya no es solo contar lo que ocurre, sino conseguir que importe, porque lo importante compite ahora en el mismo espacio con lo viral; la explicación, con la reacción, y el criterio, con el algoritmo.


Por: Redacción Semanario de Junín

El informe sobre Riesgos Globales del Foro Económico Mundial sitúa la desinformación impulsada por la IA entre las amenazas más severas a corto plazo para la estabilidad mundial. No es difícil entender por qué. La inteligencia artificial permite producir imágenes, vídeos, audios y textos falsos con una velocidad, un coste y una escala que hasta hace muy poco eran inimaginables. Lo que va a venir va a hacer que la avalancha de desinformación de los últimos años parezca un juego.

Lo que antes requería tiempo, conocimientos técnicos e importantes recursos económicos puede hacerse ahora en minutos. Y, además, puede adaptarse a públicos distintos, debido a la personalización de campañas, con mensajes adaptados al perfil psicológico, emocional e ideológico de determinados grupos de usuarios gracias al análisis masivo de datos.

La desinformación deja de ser artesanal para convertirse en industrial y no hace falta esperar al futuro para comprobarlo. Ya hemos visto imágenes falsas que se convierten en noticia antes de que nadie pueda verificar su origen, audios manipulados que circulan como si fueran declaraciones auténticas o contenidos fabricados específicamente para alimentar una emoción política determinada.

Según consigna Fernando Belzunce, director general editorial de Vocento y autor del libro ‘Periodistas en tiempos de oscuridad’, -quien anticipa los desafíos del periodismo y de las sociedades en épocas de IA- el problema ya no es solo distinguir lo verdadero de lo falso. Es hacerlo cuando lo falso puede producirse mucho más deprisa de lo que la sociedad tarda en verificarlo.

Cientos de periodistas de distintos países dibujan una radiografía de una profesión en un momento crítico: profesionales de países acomodados junto a otros que se juegan la vida por informar; reporteros de grandes medios e independientes en solitario.

Pese a las diferencias, sus voces revelan un diagnóstico común provocado por las tecnológicas: el gran reto del periodismo ya no es solo contar lo que ocurre, sino conseguir que importe. 

Porque la verdad, por sí sola, ya no se impone. Los medios de comunicación, en esta coyuntura donde hay una fuerte pugna por la atención, ya no tienen la preponderancia de antaño, cuando decidían qué era relevante, aportaban contexto, contrastaban los hechos y ayudaban a construir una conversación pública. Esa posición se ha alterado profundamente en el consumo de la información en internet. Las multinacionales tecnológicas han cambiado las reglas de distribución de los contenidos y, con ellas, la relación entre relevancia y visibilidad.

Lo importante compite ahora en el mismo espacio con lo viral; la explicación, con la reacción, y el criterio, con el algoritmo.

Las plataformas no están diseñadas para distinguir lo verdadero de lo falso, sino para maximizar la atención y la interacción. Y en esa competición El gran reto del periodismo ya no es solo contar lo que ocurre, sino conseguir que importe

basada en el volumen, la emoción, la simplificación y el conflicto suelen tener ventaja sobre el matiz, el contexto y la incertidumbre. Los algoritmos, diseñados con una lógica comercial, premian el contenido más llamativo, independientemente de que sea falso, engañoso o deliberadamente manipulado.

Como resultado emerge un ecosistema en el que la información pierde densidad, el debate se polariza y la confianza se erosiona. Hasta el punto de que el populismo ya no es solo un fenómeno social, sino que es una corriente política que impregna todas las decisiones, con ciertos líderes algorítmicos, surgidos o sostenidos al calor de la interpretación de las corrientes de opinión y de los estados emocionales de las poblaciones que gobiernan. La desinformación ha dejado así de ser una disfunción del sistema para convertirse en parte de su lógica. Constituye una arquitectura diseñada para influir, confundir y erosionar las sociedades. No se enfrenta directamente a la verdad, sino que la diluye, lo que la hace más peligrosa y eficaz.

En este contexto, el periodismo afronta un desafío superior aún a la transformación económica y tecnológica que aborda desde hace años. Está sometido a una prueba moral. Se trata de sostener estándares en un entorno que empuja a rebajarlo, de imponer el criterio frente a la aceleración, de proteger el rigor cuando las reglas de la distribución digital promueven lo contrario, de seguir jugando en el terreno de la credibilidad y no en el de la atención. La IA puede convertirse en una herramienta extraordinaria para mejorar el periodismo si su foco está puesto en el impulso de la calidad y no solo en la velocidad o el volumen. Ya hay numerosos ejemplos de extrapolación de datos y asombrosas narrativas visuales en medios periodísticos.

El valor siempre estará en la obtención de información propia, en la investigación, en el criterio, la responsabilidad, el contraste de la información, la verificación, el contexto, la credibilidad o la confianza. Una sociedad puede sobrevivir a la incertidumbre, a la crisis o al conflicto, pero difícilmente puede soportar que desaparezca la verdad como referencia compartida.

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