sábado 31 de octubre de 2026

LOCALES | 27 oct 2026

EL NIÑO AVANZA

¿Es el Salado una bomba de tiempo?

El anuncio de lluvias por encima de lo normal enciende las alarmas en el noroeste bonaerense. La Provincia avanza con el Tramo V, pero la paralización de las obras nacionales aguas abajo amenaza con transformar un proyecto histórico en un 'embudo hídrico' que pone en jaque a nuestras lagunas y a la producción regional.


Por: Redacción Semanario

Junín conoce de extremos respecto al Río Salado, mientras en 2017 la municipalidad levantaba barreras para que el canal no se desbordara, cinco años después la laguna de Gómez afrontaba una seca como no había ocurrido en 100 años.

No hay término medio en estas tierras: o se padece el suelo agrietado de una sequía feroz, o se mira al cielo con el agua al cuello.

A partir del anuncio del “Super Niño”, los pronósticos climáticos volvieron a poner en alerta a los comités de cuenca y al sector productivo. Claro que fue tarde, lo que se haga será un paliativo, pero no salva los problemas que puedan generarse.

Los mapas meteorológicos anuncian un ciclo de precipitaciones por encima de los promedios históricos. Claro que lo que podrían festejar los agricultores, hoy, con las obras de infraestructura hídrica partidas a la mitad, es una amenaza latente.

El eje del problema tiene nombre y apellido y una vez más se trata del interminable Plan Maestro Integral de la Cuenca del Río Salado.

Específicamente, los riesgos estarían aconteciendo debido a la peligrosa desconexión entre el Tramo V -el segmento final de 95,38 kilómetros que une a Junín con Bragado- y el Tramo IV, ubicado aguas abajo, cuya parálisis amenaza con generar un "efecto tapón" de consecuencias impredecibles para nuestra región.

EMBUDO DE LA DISCORDIA

La ingeniería hidráulica responde a una lógica inalterable: para vaciar una pileta, primero hay que asegurarse de que el desagüe esté destapado. En los ríos, las obras se ejecutan desde la desembocadura hacia las nacientes (de aguas abajo hacia aguas arriba). De esa manera, el canal receptor siempre tiene la capacidad suficiente para evacuar el caudal que le llega.

Sin embargo, el escenario político y económico actual ha invertido la lógica de la física y la posibilidad de lluvias por encima de lo normal plantean escenarios riesgosos que ya ocurrieran en otros tiempos.

El gobierno de la Provincia de Buenos Aires avanzó con los pliegos técnicos y la búsqueda de financiamiento internacional -un crédito de 110 millones de dólares del Banco Europeo de Inversiones (BEI)- para activar el Tramo V. Este tramo promete triplicar la sección transversal del río entre el Canal del Este de la laguna de Bragado y la descarga de la laguna El Carpincho, en nuestra ciudad de Junín.

El peligro radica en lo que sucede inmediatamente después. Aguas abajo, en el Tramo IV (en la zona que abarca Roque Pérez, Lobos y 25 de Mayo), la obra pública nacional quedó completamente paralizada. Existe un bache crítico de 33 kilómetros donde el río conserva su cauce angosto, original y sin dragar.

Si las lluvias intensas comienzan a descargar sus milímetros sobre el noroeste bonaerense, el agua del Tramo V correrá con mayor velocidad y volumen gracias a la canalización. Pero al llegar al área inconclusa del Tramo IV, el flujo chocará de frente contra un verdadero muro hidráulico. Al no poder evacuar el caudal en tiempo y forma, el Salado se convertirá en un embudo gigante. El agua buscará salir por los costados, provocando desbordes masivos en los partidos intermedios y frenando el escurrimiento natural de las zonas altas.

Si las lluvias intensas comienzan a descargar sus milímetros sobre el noroeste bonaerense, el agua del Tramo V correrá con mayor velocidad y volumen gracias a la canalización

EL CARPINCHO Y ROCHA BAJO LA LUPA

Para los juninenses, este panorama no resulta una teoría de laboratorio sino un riesgo geográfico directo y cierto, según lo describen conocedores del terreno.

El comportamiento del sistema de lagunas locales ante un frente de lluvias extraordinarias y un río "frenado" aguas abajo afectaría principalmente a dos espejos de agua clave.

La Laguna El Carpincho, como punto terminal del Tramo V, sentirá el impacto inmediato de los excesos de la cuenca alta. Al acelerarse el ingreso de agua desde el oeste y encontrarse con un río lento aguas abajo, los niveles de la laguna podrían registrar un ascenso brusco. Esto pone en riesgo directo a los clubes de pesca, las zonas recreativas ribereñas y las viviendas de los sectores suburbanos que lindan con el espejo de agua.

Respecto a la Laguna de Rocha (Chacabuco), ubicada estratégicamente en el límite del área de intervención, depende de una obra de cierre reguladora contemplada en el proyecto del Tramo V.

Sin embargo, de estar el cauce saturado por el "efecto tapón", el sistema de compuertas pierde efectividad. Si el río aguas abajo no drena, la compuerta no puede liberar agua porque el canal receptor ya está desbordado. Rocha pasará de ser un pulmón aliviador a una zona de acumulación estancada, pudiendo anegar miles de hectáreas productivas a su alrededor.

ZONAS CRITICAS

Si el Salado se desbordara debido a este cuello de botella, el mapa del impacto regional se concentrará en el corredor de la Ruta Nacional 7 y la Ruta Nacional 5. Los distritos de Junín, Chacabuco, Alberti y Bragado se llevarían la peor parte.

En términos productivos, la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (CARBAP) y las Sociedades Rurales locales ya han manifestado su profunda preocupación.

El noroeste de la provincia arriesga la estabilidad de más de 400.000 hectáreas netamente agrícolas. Caminos rurales clave para sacar la cosecha quedarán bajo el agua, y las napas freáticas -que ya arrastran niveles complejos en algunos distritos- presionarán desde abajo, arruinando la campaña gruesa y afectando la infraestructura vial de conectividad regional.

Mientras los productores miran de reojo el Servicio Meteorológico Nacional, la burocracia traba las palas

PELIGRO EN LAS RUTAS

El impacto de un desborde no se limitaría a las tranqueras de los campos; sino que podría afectar de forma directa la conexión terrestre del noroeste bonaerense. Dos arterias viales clave se encuentran en una situación de extrema vulnerabilidad ante el anunciado cambio de ciclo climático. Se trata de la Ruta Nacional 7 (Corredor Junín - Chacabuco), que cruza de forma transversal la cuenca y el área de descarga del Salado. El proyecto original del Tramo V contempla la obligatoria intervención de 10 puentes (8 de ellos carreteros) para adaptarlos a la nueva dinámica fluvial. Si el agua se acumula por el "efecto tapón" aguas abajo, los puentes actuales sobre la Ruta 7 y podrían verse superados por el caudal, reeditando el fantasma de cortes de calzada e interrupciones del tránsito que históricamente aislaron a Junín de los distritos vecinos.

Otro de los caminos es la Ruta Provincial 46 (Conexión Junín - Bragado), donde productores agropecuarios de la zona y comités locales vienen denunciando el avanzado deterioro estructural del puente de la Ruta 46 ubicado sobre el Canal Mercante (en el acceso a Bragado). Las alertas técnicas confirman hundimientos en la banquina y roturas de alcantarillas en los kilómetros linderos. Si el volumen de agua se incrementa drásticamente debido a las lluvias extraordinarias, la estructura del puente corre un riesgo certero de colapsar. Un eventual fuera de servicio de este puente obligaría a desvíos logísticos de hasta 140 kilómetros para unir Bragado y Junín, interrumpiendo el transporte de cargas, el paso de maestros rurales y el traslado de emergencias médicas regionales.

EL FUTURO ES HOY

Mientras los productores miran de reojo el Servicio Meteorológico Nacional, la burocracia traba las palas. La Provincia reclama que la Nación destrabe los avales técnicos indispensables para que el Banco Europeo libere los fondos del Tramo V, pero el verdadero nudo gordiano sigue estando en los 33 kilómetros abandonados del Tramo IV.

Construir canales aguas arriba sin terminar los de abajo es, en el mejor de los casos, una impericia de ingeniería; en el peor, una negligencia política que los habitantes del noroeste bonaerense pagarán con pérdidas millonarias.

Alguien podrá advertir que hacemos futurología previendo el peor escenario, pero también es cierto que por no ser previsores, desde hace décadas la región ha padecido inundaciones que terminaron causando pérdidas materiales multimillonarias y todavía, no terminamos de dar una solución definitiva a un proyecto iniciado en 1997 y cumplirá nada menos que 30 años.

PLATA NO HAY

El ministro de Gobierno, Carlos Bianco y el de Infraestructura y Servicios Públicos, Gabriel Katopodis apuntaron contra el Gobierno nacional no sólo por el abandono de la obra del tramo IV, sino también por la falta de avales hacia la gestión del gobernador Axel Kicillof para que pueda acceder a préstamos ya acordados con organismos internacionales

Bianco aprovechó una conferencia de prensa para reclamarle a Diego Santilli que habilite los avales necesarios para que la Provincia pueda acceder a préstamos ya acordados con organismos internacionales. Según explicó, esos fondos permitirían continuar con obras públicas como la de la Cuenca del Salado.

"Ya no le pedimos plata, ya nos dimos cuenta de que no va a venir un mango de Nación acá a la provincia de Buenos Aires. Lo único que le pedimos es que nos den la no objeción para que nosotros podamos recibir los fondos que nosotros mismos gestionamos con bancos internacionales", afirmó.

Acusó al Gobierno de discriminar a la provincia de Buenos Aires y sostuvo que las demoras impiden utilizar créditos aprobados por la Legislatura y negociados con organismos multilaterales.

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