lunes 29 de noviembre de 2021

CULTURA | 23 oct 2021

grandes del tango

Julián Plaza, otro fueye de enorme jerarquía

Bandoneonista, pianista, compositor y, sobre todo, arreglador, fueron los elementos a través de los cuales se proyectó su nombre.


Por: Ismael A. Canaparo

En el habitual recorrido por los grandes del tango, Julián Plaza merece hoy un reconocimiento especial por tratarse de una figura sobresaliente y significativa, digna de ser seguida por los músicos jóvenes.  Este formidable bandoneonista, pianista, director, compositor y arreglador, nació el 9 de julio de 1928 en General Manuel Campos (La Pampa) y falleció en Buenos Aires el 19 de abril de 2003. Fue directivo de SADAIC y recibió el premio ACE de Oro, en 1997. Tenía 74 años.

Cuando se le pregunta a Oscar Zucchi si es posible establecer un ranking de bandoneonistas, éste es su veredicto: “Lo máximo fue Roberto Di Filippo (ver nota en la edición de SEMANARIO del 12/6/2021), que en los cincuenta ejecutaba arreglos de Astor, que ni el marplatense podía aún tocar. Los solistas que más me impresionaron en general fueron Federico Scorticati, Armando Blasco y Gabriel Clausi. Y, como creadores, y por su gravitación, Julián Plaza, Pedro Maffia y Pedro Laurenz. Aparte están los bandoneonistas de orquesta, como Aníbal Troilo, y dentro de este rubro los especialistas primeros bandoneones, como Osvaldo Ruggiero (en la orquesta de Pugliese) o Héctor Varela (en la orquesta de D´Arienzo fueron insuperables. Todos éstos en el marco de una tendencia virtuosista. Pero además están los estilistas, los que crearon una modalidad propia, como Máximo Mori (que fue quizá quien más hermosos arreglos concibió para bandoneón solo), Antonio Ríos, Julio Ahumada. En cuanto a Eduardo del Piano, nadie podía escribir como él para la fila de cuatro bandoneones a tres voces”.

A través de su larga trayectoria, Plaza registro en SADAIC los siguientes temas propios: “A lo moderno” (1954),  “Adiós al hermano” (1986), “Apuesto por la vida” (1986),  “Buenos Aires en tango” (1986), “Buenos Aires París” (1986),  “Buenos Aires Tokyo” (1986), “Color tango” (1967), “Criollito” (1962), “Cuanta angustia” (1957), “Danzarín” (1958), “Disonante” (1964), “Dominguera” (1953), “Expresivo” (1973), “Futura”, “Gotán”, “Instrumental” (1975), “Juguetón”, “Locos de contento” (1993), “Melancólica” (1962), “Melancólico” (1960), “Milonga de marfil negro” (1977) en colaboración con Jorge Luis Borges, “Milongueada” (1967), “Milongueando” (1967), “Milontango” (1970), “Morena” (1964), “Nocturna o Nocturno” (1969), “Nostálgico” (1962), “Paseandera” (1962), “Payadora” (1966), “Recordando a Pichuco” (1987), “Sensiblero” (1955), “Sentimental Buenos Aires” (1982), “Solemne” (1973), “Tango setenta” (1982), “Temperamental” (1973), “Trasnoche” (1969), “La tregua” (1974) y “Un domingo con Laura” (1974).

Además, aportó música en consagradas películas argentinas, actuando al frente de su orquesta, con arreglos propios para cada ocasión: “Gotán”, cortometraje (1965),  “La tregua”, (1974), “Solamente ella” (1975), “Sentimental” (Réquiem para un amigo) (1980) y “Chau, papá” (1987).

El escritor, periodista e investigador, Gaspar José Astarita (1928-2003), nacido en Chivilcoy, quizá sea el autor de la más bella semblanza de Julián Plaza, publicada en la página Todotango y en la revista “Tango y Lunfardo”, Nº 130, Chivilcoy, del 16 de julio de 1997. Astarita, junto al notable periodista, poeta y escritor, José María Grange (1930 – 1992), ejerció la dirección del matutino “La Campaña”, aparecido el 3 de abril de 1978, hasta agosto de 1989. También fundó y dirigió el periódico “Tango y Lunfardo”. Fue miembro de la Academia Porteña del Lunfardo, y asimismo, integrante de la Academia Nacional del Tango. Ofreció charlas y conferencias; participó en distintos actos culturales; desarrolló audiciones radiofónicas, y formó parte de la comisión directiva de la filial chivilcoyana, de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE). De sus obras publicadas, están los volúmenes: “Argentino Galván”, “Pascual Contursi”, “Estos fueyes también tienen su historia”, “Piazzolla del 46”, “Prontuario de una esquina”, “Retablo chivilcoyano”, “Abel Fleury: Vida y obra”, “Cortázar en Chivilcoy”, “Encarnación Corujo”, “Italianos en Chivilcoy”, y “El poeta criollo Boris Elkin”. El 22 de octubre de 1999 se lo declaró “Ciudadano Ilustre de Chivilcoy”, y el 8 de junio de 2013, se le impuso su nombre, a la calle Nro. 13, como un sincero homenaje, con motivo de la recordación del décimo aniversario de su desaparición física.

Así lo vio Gaspar Astarita: “Una conjunción de variadas y positivas cualidades han concurrido armoniosamente para que Julián Plaza redondeara una de las personalidades artísticas más sobresalientes dentro de la historia del tango.

Bandoneonista, pianista, compositor y, sobre todo, arreglador, fueron los elementos a través de los cuales se proyectó su nombre, no sólo a la consideración pública, sino especialmente al círculo de los profesionales de la música, dentro de los cuales goza de un bien ganado prestigio. Una autoridad que ha sabido ganarse a fuerza de estudio, trabajo y talento.

Como ejecutante, ha demostrado una especial ductilidad para adaptarse a los más variados estilos interpretativos, ya que integró en su momento orquestas de muy diferenciadas modalidades (Edgardo Donato, Antonio Rodio, Miguel Caló, Carlos Di Sarli, Osvaldo Pugliese), y en todas logró un excelente grado de consustanciación.

Ese permanente desafío cuyas reglas de juego aceptó con gusto y disciplina, habrían de serle luego aliados valiosos, junto al estudio de las diferentes reglas musicales, cuando comenzó su importantísima tarea de arreglador, labor en la que alcanzaría su mejor pico en los trabajos que realizara para las dos agrupaciones más relevantes de los últimos tiempos, Aníbal Troilo y Osvaldo Pugliese, sin menoscabar por ello el notable despliegue efectuado, en igual sentido, para el Sexteto Tango.

También en la composición se destacó con rasgos muy personales. Sus tangos y milongas, casi todos instrumentales, llevan el sello de un auténtico creador, distinción que comenzó a vislumbrarse desde su primera obra importante, que estimamos debe ser el tango “A lo moderno”, estrenado en 1954 por la orquesta de Miguel Caló, y que continuó posteriormente con esa insuperable serie que integran “Sensiblero”, “Danzarín”, “Melancólico”, “Nostálgico” y “Disonante”, los cuales, junto a otros que dio a conocer a mediados de la década del cincuenta, conforman una lista de muy pareja calidad.

Julián Plaza, desde la confluencia de estos tres cauces, la ejecución, el arreglo y la composición, ha sido un músico en constante búsqueda. De aquella primera incursión en la famosa década del cuarenta, pasó luego a ser figura de punta en la generación del cincuenta y cinco, junto a Atilio Stampone, Osvaldo Berlingieri, Leopoldo Federico, Osvaldo Requena y otros más, para proyectarse después hacia el mejoramiento y la evolución, siempre en constante progresión, tal vez influido por la gravitación de Astor Piazzolla. Pero esa intención vanguardista no lo alejó nunca de las genuinas raíces del tango. Su moderación y su clara visión de que el tango, para que siga llamándose así, debe conservar su auténtica carnadura popular y ciudadana, lo ubican en un lugar relevante de su historia.

En una palabra, Julián Plaza avanzó hasta el extremo justo en que el género lo permite. Traspuesto ese límite, el tango ya pierde hasta su nombre.

Realizó los palotes musicales con su padre, que tocaba el bandoneón aprendido por correspondencia. Cuando Julián tenía once años, la familia se trasladó a Buenos Aires; comenzó a estudiar con Félix Lipesker; integró, a su vez, orquestas infantiles. donde fue aprendiendo la labor de conjunto.

Sus rápidos adelantos hicieron que a los quince años debutara en la orquesta de Edgardo Donato, y poco después en el conjunto de Antonio Rodio; en 1949 pasó a engrosar las filas de Miguel Caló, con quien estuvo casi diez años. Mientras tanto, con Eduardo Bianco, realizó un extenso viaje por Italia, Grecia, Turquía, Siria y el Líbano.

Durante 1959, se incorporó a la orquesta de Osvaldo Pugliese, siempre como bandoneonista. Con este conjunto anduvo en gira por Rusia y China en dicho año. Con el autor de “Recuerdo” estuvo hasta 1968, cuando, con otros integrantes de la orquesta, formaron el Sexteto Tango: Osvaldo Ruggiero y Víctor Lavallén (bandoneones), Emilio Balcarce y Oscar Herrero (violines), Alcides Rossi (contrabajo) y el propio Plaza como pianista; con esta agrupación grabaron en el sello Víctor.

En 1992, resolvió alejarse del Sexteto Tango, buscando redondear su personalidad artística, es decir, intentar la dirección orquestal, una disciplina que aún no había encarado.

Sus trabajos de estos últimos tiempos han sido destinados a formar su propio conjunto, tocar sus propios tangos con sus propios arreglos. Y en esa lucha se encuentra ahora.

Entre sus muchas y variadas actividades, digamos que mientras alternaba su labor en la orquesta de Miguel Caló, formó un cuarteto de bandoneones a capella, que se integró con Alfredo Marcucci, Ernesto Franco y Atilio Corral.

Paralelamente a todos estos trabajos, comenzó a incursionar en el arreglo (le confesó a la especialista Nélida Rouchetto que su primer arreglo lo escribió en 1950 para la orquesta de Miguel Caló: la milonga “Dominguera”). En esta difícil tarea hizo numerosos trabajos para Atilio Stampone, Leopoldo Federico, Aníbal Troilo, Osvaldo Pugliese, Osvaldo Piro, José Colángelo y mucho para el Sexteto Tango. A ello debe sumarse la tarea profesional que desplegó en la Editorial Korn para arreglos estandard.

También al cine le aportó su música y sus arreglos, para las películas argentinas La tregua, Solamente ella y Chau Papá, cuyas bandas sonoras estuvieron a cargo de orquesta propia.

Además, en esta apretada síntesis no quiero dejar sin mencionar los arreglos y el acompañamiento que le hizo a Susana Rinaldi en la grabación de su LP recordando a Homero Manzi (algunos de los músicos que integraron ese conjunto fueron nada menos que Osvaldo Berlingieri, Ernesto Baffa y Fernando Suárez Paz, entre otros).

En un trabajo anterior mío (Abel Fleury. Vida y obra, Editorial GraFer, 1995) dejaba expresado un concepto con respecto a la labor compositiva de todo músico, que considero oportuno reproducir ahora, porque encaja perfectamente para comentar la obra de creación de Julián Plaza: “Todo compositor, por más vasta que sea su producción, tiene siempre alguna obra que, sin ser la más lograda, es la que define su estilo. En ella, por exacta y armoniosa conjunción de ciertos valores, el autor ha exteriorizado su sensibilidad, ha desnudado sus raíces, evidenciado su formación y desarrollado su capacidad creativa, logrando en esa síntesis la identidad de toda su labor. Razones de impacto en el gusto popular, la aceptación y la incitación que provoca en los ejecutantes, que, al incluirla en sus repertorios, crean los canales indispensables para procurarle la difusión necesaria y hacen que esa composición se hospede en los oídos y en la emoción de amplios auditorios.

Aparte de los valores técnicos y estéticos, lo cierto es que a través de todo ese contexto un determinado trabajo de composición concluye siendo para su autor una especie de resumen de su personalidad artística”.


UN DOCUMENTAL TANGUERO


“Si sos brujo: una historia de tango” es el título de un documental que encabezó Caroline Neal, en el que se convocó a sobrevivientes de las orquestas típicas de antaño. La película, de una duración de 83 minutos, se basó en un proyecto de la Orquesta Escuela de Tango. No bastaba con las partituras y los arreglos de los veteranos músicos, sino que era necesario también descubrir los yeites que inventaron para darle tamaña personalidad a cada una de las orquestas, tan diferentes entre sí.

El filme realizado en 2005 y estrenado en abril de 2006, que puede verse en You Tube, lo dirigió, escribió y proyectó una mujer de 40 años, Caroline Neal, original de Virginia, Estados Unidos. “Y hay tanto amor por el tango en el documental, tanto aroma porteño perfumando cada secuencia, que nos interna en el vivero decisivo, en lo que Valery llama "vida interior", dejándonos con el corazón en llamas”, dice al respecto José María Otero.

El trabajo del talentoso contrabajista Ignacio Varchausky, fundador de la orquesta “El Arranque”, en 1996, con la cual recorrió más de 160 ciudades de todo el mundo, fue convencer a Emilio Balcarce para que volviera al ruedo y les ayudase a descubrir todas esas pequeñas cosas que caracterizaron a Pugliese y demás conjuntos, con el fin de llegar a sacar los distintos estilos.

Con la dirección de Caroline Neal y el guión de Alberto Muñoz, desfilaron los estilos de Osvaldo Pugliese, Aníbal Troilo, Horacio Salgán, Astor Piazzolla, Carlos Di Sarli, Leopoldo Federico, Alfredo Gobbi, Osvaldo Fresedo y Juan D´Arienzo, entre otros.

La nómina de los participantes es extensa: Emilio Balcarce, Ignacio Varchausky, Celso Amato, Luis Stazo, Horacio Cabarcos, Gustavo Beytelmann, Julián Plaza, Pepe Libertella, Leopoldo Federico, Ernesto Franco, Atilio Stampone, Néstor Marconi, Wynton Marsalis, Raúl Garello, Víctor Lavallen, Mauricio Marcelli, Roberto Álvarez, Horacio Romo, Ramiro Gallo, Pedro Pedroso y Eva Wolff.


 

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