Por: Redacción Semanario de Junín
SECCIÓN SEMANAGRO PUBLICADO EN LA EDICIÓN IMPRESA Y EDICIÓN DIGITAL Nº 525 DE SEMANARIO DE JUNÍN. SEMANA DEL 1 AL 7 DE AGOSTO DE 2026
Los titulares comedidos de muchos de los medios de comunicación porteños, referidos a la “ovación” que recibió el presidente Javier Milei en el acto de inauguración de la muestra agroganadera realizada en Palermo, organizada por la Sociedad Rural Argentina (SRA) el domingo pasado, poco tiene que ver con la realidad que viven los productores agropecuarios de la pampa húmeda, incluido por supuesto nuestro distrito de Junín.
En principio la SRA no tiene representatividad valorable en nuestro medio y, en general, a lo largo y ancho del país. Su presencia se sostiene a través de referentes elegidos “a dedo”, que no debaten los problemas específicos de cada región.
Cuenta, sí, con un singular aparato de marketing que desde hace unos veinte años se acrecentó debido a que la marca “La Rural” fue vendida a un grupo inversor que también se hizo cargo de la gestión del predio que Carlos Menem les permitió comprar en los años noventa, en una operación que muchos consideraron realizada a un precio vil para semejante patrimonio estatal.
Vale recordar una vez más que entidades como la Sociedad Rural de Junín forman parte de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (CARBAP), mientras que ésta integra Confederaciones Rurales Argentinas (CRA). Ambas reúnen productores de todo tamaño y una enorme diversidad de economías regionales, muy diferentes entre sí.
En ese contexto, el discurso presidencial no aportó absolutamente nada nuevo. Los problemas del productor siguen siendo los mismos desde hace décadas y continúan acumulándose sin respuestas estructurales.
Tal vez uno de los mayores inconvenientes de la dirigencia agropecuaria, aunque en su momento se creyó que representaba un avance, fue la conformación de la Mesa de Enlace en 2008.
Desde entonces, las cuatro entidades fueron perdiendo identidad propia y también buena parte de su capacidad para representar las distintas realidades productivas del país.
La exposición continúa siendo una vidriera extraordinaria para los negocios y para la política, pero difícilmente represente hoy el pulso del interior productivo
La fotografía del domingo en Palermo mostró a un presidente exultante, instalado definitivamente en el rol de "amigo del campo", aunque con un discurso vacío respecto de las verdaderas necesidades de quienes producen. Habló ante un auditorio predispuesto al aplauso, pero evitó referirse a las dificultades que atraviesan miles de productores medianos y pequeños.
El Gobierno volvió a poner el eje en los números macroeconómicos, en la baja de la inflación y en los récords productivos de algunas actividades. Sin embargo, la realidad del interior productivo es bastante más compleja.
Mientras los rindes agrícolas acompañan gracias al clima y la tecnología permite cosechas importantes, la rentabilidad continúa condicionada por el atraso cambiario, el incremento permanente de los costos, el peso de los impuestos, el precio de los fletes, las dificultades financieras y un mercado interno deprimido.
A ello se suma el deterioro de numerosas economías regionales, golpeadas por el ingreso de productos importados que en muchos casos compiten bajo condiciones desiguales, dejando a productores e industrias locales fuera de mercado.
L
a escena de Palermo mostró un clima festivo que contrasta con otra realidad menos visible: empresas fabricantes de maquinaria agrícola trabajando muy por debajo de su capacidad, concesionarios con ventas en mínimos históricos, proveedores de insumos que atraviesan procesos de reestructuración y contratistas obligados a recalcular inversiones frente a un escenario de elevada incertidumbre.
Paradójicamente, el mismo Gobierno que reivindica la producción primaria mantiene políticas que terminan debilitando buena parte del entramado industrial que agrega valor al campo argentino.
No alcanza con celebrar una buena cosecha si alrededor de esa cosecha desaparecen fabricantes, talleres metalúrgicos, distribuidores, comercios y cientos de puestos de trabajo vinculados al sector.
Durante el último año el propio Gobierno insistió en que el agro sería el gran motor de la recuperación económica. Sin embargo, buena parte de las promesas formuladas en la edición 2024 de la Exposición Rural permanecieron incumplidas o apenas avanzaron parcialmente.
Diversos análisis periodísticos especializados señalaron que varias de las medidas anunciadas entonces nunca llegaron a instrumentarse plenamente. Entre ellas figuraban regímenes de amortización acelerada para bienes de capital, modificaciones impositivas para la actividad ganadera, incentivos para el riego y otras herramientas destinadas a mejorar la competitividad. Algunas quedaron en estudio; otras simplemente desaparecieron de la agenda oficial.
El verdadero campo argentino no termina en las tribunas de la pista central ni se resume en las ovaciones a un presidente de turno
La cuestión de los derechos de exportación continúa siendo, además, el principal punto de conflicto. El propio presidente había prometido eliminarlos cuando las condiciones económicas lo permitieran. Sin embargo, los productores siguen esperando definiciones mientras el Estado continúa utilizando ese recurso fiscal como una de sus principales fuentes de ingresos.
La contradicción no pasa inadvertida. Se exalta al campo desde el discurso, pero al mismo tiempo se sostienen mecanismos que reducen su rentabilidad y limitan las posibilidades de inversión de miles de productores.
En Palermo también volvió a hablarse de seguridad jurídica, de defensa de la propiedad privada y de apertura económica. Son conceptos importantes, sin duda, pero insuficientes cuando no aparecen acompañados por políticas que favorezcan la producción, la industrialización y el arraigo en el interior. El verdadero campo argentino no termina en las tribunas de la pista central ni se resume en las ovaciones a un presidente de turno.
Está en los caminos rurales deteriorados, en las cooperativas que siguen financiando campañas, en los pueblos donde cada fábrica que cierra significa menos empleo y menos movimiento económico, y en los productores que continúan haciendo cuentas para determinar si podrán volver a sembrar la próxima campaña.
La historia demuestra que ningún gobierno logró construir una política agropecuaria de largo plazo. Cambian los discursos, cambian los funcionarios y cambian los dirigentes rurales, pero las demandas esenciales permanecen prácticamente intactas.
Quizá por eso la pregunta del título mantiene plena vigencia.
¿Cuánto campo hay realmente en Palermo?
Muy poco, es la respuesta
Hay dirigentes, empresarios, funcionarios, exportadores, financistas, proveedores y una formidable puesta en escena. Pero el productor que enfrenta diariamente las contingencias climáticas, los costos crecientes, la presión tributaria y la incertidumbre de cada campaña aparece cada vez más lejos de ese escenario.
La exposición continúa siendo una vidriera extraordinaria para los negocios y para la política. Sin embargo, difícilmente represente hoy el pulso del interior productivo.
Porque el verdadero campo argentino no necesita solamente aplausos ni discursos optimistas. Necesita previsibilidad, reglas estables, crédito, infraestructura, agregado de valor y una dirigencia capaz de defender los intereses de quienes producen, más allá del gobierno de turno.
De lo contrario, Palermo seguirá ofreciendo una postal impecable para las cámaras mientras, puertas adentro del país productivo, continúan cerrando fábricas de maquinaria agrícola, desaparecen empresas proveedoras de insumos y miles de productores observan cómo la distancia entre los discursos y la realidad se hace cada vez mayor.

